domingo, 31 de enero de 2010

La emergencia social y la salud en Colombia

Es pésimo el desperdicio de recursos en las nóminas estatales, toda vez que quienes deben asesorar a los tomadores de decisiones, en este caso al Ministro de la Protección Social y al Presidente de Colombia, hacen tareas que disuenan con lo que alguien podría esperar de un asesor o asesora.

La reciente declaratoria de emergencia social en Colombia y la expedición de los decretos del gobierno nacional para afrontarla, a pesar que el Presidente y el Ministro lo nieguen, va en detrimento de unos derechos establecidos tanto en la Constitución Nacional (Artículo 49), como en la Ley 100 de 1993 (Principios Generales, artículo 1o.), para los usuarios del Sistema General de Seguridad Social en Salud.

La entrevista publicada hoy domingo 31 de enero por el Diario EL TIEMPO con el presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas, Médico Roberto Esguerra, es aclaratoria del tema y rebate el argumento del Ministro de la Protección Social, Diego Palacio, de que las reformas deben ser vistas en su contexto único "y no discriminadas por decreto o por artículo" (Revista Cambio).

Lo lesivo de dichas reformas no es el aumento del impuesto al alcohol y al tabaco sino precisamente los artículos 9 y 23 del decreto 131, que trasladan a los usuarios (pacientes), obligaciones ya adquiridas por el mismo Sistema en virtud de la Ley y que desestiman, reducen y cohartan el campo de acción de los médicos, como vértebras del mismo sistema. 

Los comunicados emitidos por la Academia Nacional de Medicina  y la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas son contundentes en la medida que retoman la legislación expedida en el marco de la Emergencia Social y develan los contenidos de la misma en deterioro de la calidad de la prestación del servicio de salud.

No se ha ahondado en qué sucederá con los niños y las niñas con enfermedades de alto costo y para quienes la Salud sí es un Derecho Fundamental consagrado en la Constitución Nacional (Artículo 44). Lo mismo con los ancianos mayores de 65 años en el marco de la política de envejecimiento y vejez que esboza el gobierno nacional. ¿Van a obligar a niños y a ancianos a pagar sus propios tratamientos? ¿Están condenados a morir?

La responsabilidad técnica de dichos decretos cae sobre los asesores de Palacio (tanto del Ministro como del Presidente) y la responsabilidad política sobre el actual Ministro de la Protección Social, Diego Palacio, y sobre el actual Presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, quienes deberán asumirla de cara al país echando para atrás los artículos y decretos lesivos a los derechos de los colombianos.

De todas formas el costo político para ambos funcionarios, cuyas labores pagamos con nuestros impuestos, no justificará jamás el costo asumido por miles de colombianos que verán su salud más deteriorada aún por las decisiones erradas de dos empleados públicos, además mal asesorados.

Guillermo Camacho Cabrera
guillermo@papelysignos.com


martes, 19 de enero de 2010

Haití


Tan solo 8 días después de la tragedia de Haití me atreví, apenas esta mañana, a ver las noticias en la televisión. Lo había evitado conscientemente por no enfrentarme con el dolor humano que representan los efectos del terremoto del martes 12 de enero pasado.

Aunque no he visto noticias de Haiti hasta hoy, me enteré del terremoto por la misma televisión y he visto algunas fotos que publica la prensa colombiana en sus ediciones impresas y la prensa internacional a través de algunos portales Web.

Creo que lo que sucede hoy en Haití nos muestra que nunca estaremos preparados, como especie, para una catástrofe y para todo el dolor que representa la pérdida de vidas y de entornos.

La catástrofe que vive Haití post-terremoto es un verdadero reto para los organismos internacionales de atención humanitaria y para sus técnicos. Va a generar muchos aprendizajes para atender otras emergencias que se presenten en el futuro. Sin embargo, lo que muestran las noticias es lo que los periodistas ven. Y al momento no se ha visto, en lo que muestran los medios de comunicación, una atención de la emergencia organizada.

Haití, el país más pobre del continente americano, ha llamado a la solidaridad internacional y la ha encontrado en miles, tal vez millones, de personas que se han unido a la causa de quienes quedaron vivos y adoloridos.

Hoy descruzo mis brazos para orar por la recuperación de Haití, sus niños, sus familias, sus habitantes. Que florezca después de esta catástrofe.

Guillermo Camacho Cabrera
guillermo@papelysignos.com

sábado, 16 de enero de 2010

Soñando con los Invasores Espaciales


La evolución de los juegos de video ha sido grande en estos últimos 30 años. Las personas de mi generación en Colombia pasaron del "Telebolito", que visionariamente puso a disposición de los niños y niñas de la TV en blanco y negro el pionero Reinaldo Moré hasta los juegos de hoy, sin cables y que responden a los movimientos naturales de la mano y el cuerpo del jugador como los de la consola Wii de Nintendo.

Para los niños de mi generación era solo un romántico sueño poder jugar en casa juegos como "Marcianitos" (Space invaders) y "Asteroides", por mencionar algunos de los primeros que se conocieron, ya que el Pac Man y otros fueron posteriores.

Tuvieron que pasar 30 años antes que el sueño se convirtiera en realidad gracias a la tecnologia y a personas visionarias que han logrado poner a disposición de niños y niñas de esta generación los juegos de video, tan divertidos, entretenidos y muchas veces educativos, que desarrollan habilidades de motricidad fina, ganar y perder, asunción de retos y fracasos, combinación de sonido, video y coordinación sensomotriz.

Me ha sido muy grato en el día de hoy reencontrarme, gracias a una publicación de la revista Enter de EL TIEMPO (Edición Diciembre de 2009), con el clásico juego de "Marcianitos" disponible en línea http://www.spaceinvaders.de/ y ver cómo es igual de llamativo incluisve para las generaciones de hoy.

Mi hijo, quien también jugó conmigo, me preguntaba con asombro acerca del juego, de cómo jugábamos antes, cómo eran las relaciones padres e hijos, qué pasaba en el colegio en ese tiempo, si nos era permitido jugar o no, si las pantallas eran en blanco y negro.

Mientras jugábamos, conversábamos y mientras conversábamos, aprendíamos uno del otro y nos divertíamos. Hoy no jugué solo por un puntaje sino por disfrutar con mi hijo un pequeño sueño hecho realidad. El número de puntos de jugador obtenidos era irrelevante frente a la posibilidad de encontrar que el juego mediara la conversación.

Sin embargo, mi hijo y yo quedamos entre los primeros 500 mejores jugadores del sitio.

Guillermo Camacho Cabrera

martes, 12 de enero de 2010

Gobierno en línea


Fue grata la sorpresa que me llevé hoy cuando debí tramitar un documento llamado Pasado Judicial, otorgado por el Departamento Administrativo de Seguridad DAS en Colombia y que certifica los antecedentes judiciales de quien lo solicita. La sorpresa me la llevé cuando lo obtuve en aproximadamente una hora desde que llegué al punto de atención hasta que salí con el documento en la mano. Similar eficiencia la puede encontrar hoy uno en Bogotá con la Personería de la ciudad, la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la Nación, esta última donde un Certificado de Antecedentes Fiscales se puede obtener en línea.

Hoy me sentí en el Siglo XXI con información que fluye confiablemente y en línea. Vi como a personas les entregaron en cuestión de un minuto un Certificado de antecedentes disciplinarios en ventanillas de la Procuraduría General y la Personería de Bogotá.

Fui testigo de la eficiencia de los empleados y la calidad en la atención. Me pareció prodigiosa la posibilidad de tramitar cuatro certificados diferentes en una misma mañana, iniciando a las 10:00 a.m. y finalizando a la 1:00 p.m. Es el uso de las nuevas tecnologías de la información en beneficio de los ciudadanos, el tiempo y la productividad de la ciudad y el país.

Felicito públicamente la iniciativa de Gobierno en Línea y las posibilidades que abre a los ciudadanos de contar con atención digna y eficiente en los trámites ante el Estado. Creo que en el futuro la totalidad de estos trámites podrá hacerse en línea, desde la casa u oficina ya que la información está disponible en las redes de información gubernamentales.

Guillermo Camacho Cabrera
guillermo@papelysignos.com

sábado, 9 de enero de 2010

La Farcsa de las FARC


Es difícil imaginar hoy una guerra de guerrillas romántica (en cursivas, porque ninguna guerra es romántica), como se hubiera podido pensar en los años sesenta, en el siglo pasado, con revolucionarios de barba y luchando por ideales de liberación y justicia.

No es posible encontrar hoy campesinos cultivando la tierra, con el fusil al hombro, en comunidades agrícolas, ganando la adhesión del pueblo en contra de un régimen opresor.

El romanticismo revolucionario dejó un legado en la memoria de las generaciones anteriores a la mía y, tal vez, en algunas personas de mi generación, con imagenes vueltas íconos como la del Che Guevara o la de Fidel (Castro) en la Sierra Morena.

Devolver el reloj del tiempo es tan difícil como resucitar al Rey Elvis, quien hoy cumpliría 75 años de nacido.

Sin embargo, en un contexto del siglo XXI, las mal llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC intentan reivindicar valores del siglo pasado a través de un pseudo-documental proyectado en un festival argentino, con el ánimo de repetir su difusión próximamente en Europa.

Engaño de tontos. Las FARC de hoy no son lo que fueron los movimientos revolucionarios ayer. Hoy asistimos a la masacre, a la reivindicación del terror, al asesinato de niños, al secuestro de jovencitos. A la enfermedad mental armada.

Guillermo Camacho Cabrera

Foto: Pablo Moncayo, secuestrado por las FARC hace más de 12 años, aún en cautiverio. En: adopta un secuestrado

jueves, 7 de enero de 2010

¿La violencia se puede prevenir?


Esta mañana sintonicé el noticiero Arriba Bogotá que emite diariamente el Canal City TV, de la Casa Editorial EL TIEMPO.

Luego de la entrevista de los presentadores con la Subsecretaria (e) de Movilidad en Bogotá, que hablaba del pico y placa en la ciudad, hice algo de zapping y volví al Canal cuando hablaba una de las cabezas de la Oficina de Mujer y Géneros de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Quien la entrevistaba era el Dr. Carlos Francisco Fernández, asesor médico de los medios de la Casa Editorial EL TIEMPO y quien hace una sección en el noticiero llamada "Le tengo el remedio", muy acertada en sus comentarios.

El Dr. Fernández se distingue por su capacidad para hacer llegar información especializada en medicina de manera coloquial a lectores y televidentes, con una excelente habilidad para manejar el lenguaje, el humor y el conocimiento alrededor de las ciencias médicas.

Esta mañana, sin embargo, luego de conversar largamente sobre el tema de las violencias contra las mujeres con la representante de la Oficina de Mujer y Generos de la Alcaldía Mayor, el Dr. Fernández soltó una perla, proveniente tal vez del subconsciente colectivo o del suyo propio:

Despidiendo a la invitada, hubo un IN con un televidente quien preguntó al Dr. Fernández cómo hacer para no tener un ataque cardiaco. Animadamente el Dr. Fernández respondió, palabras más, palabras menos: "Ese tema me gusta, ahora hablemos de las cosas que SÍ se pueden prevenir".

Sin comentarios.

Guillermo Camacho Cabrera

Foto: Dr. Carlos Francisco Fernández, en Stio Web City TV

miércoles, 6 de enero de 2010

El abuso sexual infantil: un problema que no da espera

Los aterradores, para una sociedad sana, índices de abuso sexual infantil en Colombia son un grito silencioso (o más bien silenciado), de las víctimas a los adultos que deben protegerlos y a sus victimarios para que cesen las vejaciones.

Es increíble que un problema que afecta a más de 15.000 niños y niñas anualmente en Colombia, lo que lo caracteriza como epidemia, y que está catalogado por las autoridades como un problema de salud pública, no haya tenido aún una intervención clara por parte del Estado, ni de las familias, ni de la sociedad.

Una proyección de medicina legal de 1998 estimó que solamente en Bogotá unos 80.000 niños y niñas eran víctimas de abuso sexual cada año. Tan solo, estimó medicina legal, entre 2% y 5% de los casos totales son denunciados por las víctimas y sus familias. Este es un delito cuya dimensión se conoce por las tasas de denuncia y no por las de ocurrencia, como sucede con otro tipo de delitos.

La proyección de medicina legal no es lejana, ya que 80.000 niños y niñas son 3,6% del total de la población actual de 2,2 millones de niños y niñas en la ciudad, y los tipos y formas de abuso sexual infantil son tan diversos, escondidos, soterrados e irreconocibles al principio para las víctimas, que no es extraño que Colombia esté rondando por esas cifras.

Ni el sistema sociolegal de una ciudad como Bogotá, ni el sistema de salud tampoco, podrían responder de una manera eficiente si cada víctima o familia (con esas proyecciones de medicina legal de hace más de una década), denunciara el abuso sexual que se da en su interior, por lo cual se hace perentorio que los sectores de Justica y de Salud trabajen conjuntamente a través de dos estrategias, necesariamente simultáneas y a largo plazo:

Primera: El establecimiento de una política criminal que permita, por una parte, prevenir el delito y, por otra, abordar los casos actuales. Ello en beneficio de las víctimas y no de los victimarios, como sucede en muchos casos actualmente (el índice de impunidad en Colombia para 2005, de acuerdo con un estudio de la Defensoría del Pueblo, indicaba que llega a condena solo un caso de cada 1.000 denunciados. Para 2007 en Bogotá esta cifra ascendía a entre 40 y 50 condenas por cada 1.000 denuncias).

Segunda: El establecimiento de una política pública en salud mental que promueva la crianza sana en las familias y las escuelas, ayude a niños y niñas a desarrollarse en ambientes proactivos y apreciativos y permita que los adultos den soporte a la etapa de la infancia de las crías. Ello, por supuesto, con intervenciones claras a nivel comunitario y masivo de enfermedades como la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño, la neurosis y que puedan, en lo posible, corregir las disotorsiones congnitivas que pueden tener los adultos de los niños y las niñas. Adicionalmente el sector Salud debe hacer todo lo que esté a su alcance para atender de manera integral la recuperación y restablecimiento de la salud física, mental y los derechos de los niños y niñas víctimas detectados, en compañía de otros sectores si ello se hace necesario (por ejemplo, Educación, Bienestar Social, Justicia, entre otros).

El sistema de protección, por su parte, en cabeza del ICBF, las Comisarías de Familia y la Fiscalía General de la Nación, deberá contar con protocolos técnicamente diseñados que permitan estabecer el nivel de riesgo de un niño o niña en un entorno específico y tomar medidas que le protejan del abuso o posibles nuevos abusos cuando se conoce que ya estos han sucedido.

Por otra parte la realización de campañas masivas (revaluando el concepto de campaña), que informen a las familias, comunidades, escuelas y redes de soporte acerca de los tipos de abuso sexual infantil, formas de reconocerlo y maneras de prevenirlo, así como la condena pública o legal de abusadores identificados, facilitará la acción alrededor de la intervención del problema.

Que los victimarios sepan que no va a haber un solo espacio posible donde puedan abusar impúnemente de los niños y las niñas.

El abuso sexual infantil es un problema que no da espera. Las secuelas y consecuencias en el cuerpo y el alma de los niños y las niñas son graves para el presente y el futuro de la especie humana y también de nuestra sociedad colombiana. El abuso sexual infantil mata la infancia y priva a nuestros niños y niñas del tesoro más preciado que pueda poseer un ser humano: La Dignidad.

Este es el momento en que los gobernantes, quienes van a serlo y quienes hoy tienen como responsabilidad aceptada la construcción de políticas públicas, giren su mirada hacia la infancia de Colombia y creen las condiciones para que el abuso sexual infantil sea proscrito de las prácticas cotidianas.

Que entre todos podamos fabricar escudos reales contra el abuso sexual infantil, como lo hace el niño de la fotografía que ilustra este Blog. Colombia lo demanda.

Guillermo Camacho Cabrera

Fotografía: Niño de la comunidad Scout pintando su "escudo personal". Por: Guillermo Camacho Cabrera

martes, 5 de enero de 2010

Pieles sagradas

Es un alivio ver cómo en Bogotá D.C., Colombia en este fin de año 2009 no hubo personas quemadas por pólvora (Ver El Espectador, Enero 1 de 2010).

Y es un alivio porque se ven en el largo plazo los resultados de la política pública en la ciudad con referencia a la prohibición del uso de pólvora.


En 1995 el entonces alcalde mayor de Bogotá Antanas Mockus tomó una medida polémica fundamentado en los derechos de los niños y en la necesidad de salvaguardar sus vidas, salud y sano desarrollo: prohibió el uso de la pólvora en Bogotá y por ende su distribución y comercialización. Anualmente y en especial en Navidad y Año Nuevo llegaban a los pabellones de quemados de los hospitales de la ciudad cientos de niños y niñas víctimas del uso de la pólvora. Amputados, ciegos, con secuelas imborrables en sus pieles y cuerpos.

Bastó una medida fundada en la ética y en la tozudez del gobernante, que fue respaldada por gran parte de la comunidad, por las asociaciones que trabajan por los derechos de los niños y por las siguientes administraciones distritales, para que quince años después esa medida rindiera sus frutos proyectados: Cero niños quemados por pólvora en Año Nuevo en Bogotá, ciudad con más de seis millones de habitantes y más de dos millones de niños y niñas.

Aunque esta primera semana del año la Secretaría de Salud de Bogotá aún esperaba reportes de quemaduras por pólvora en Año Nuevo, a la fecha no se ha presentado ninguna, lo que constituye un gran logro de algo que no se conocía antes en la ciudad: LA EXISTENCIA DE UNA POLÍTICA PÚBLICA PARA LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS, traducida esta en la protección a su derecho a la vida y al sano desarrollo, consagrado en el Artículo 6o. de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

Creo que es necesario hacer un reconocimiento público, hoy, a 15 años de la medida, al entonces alcalde mayor de la ciudad Antanas Mockus, por los resultados de su política, también a los alcaldes que le siguieron y a toda la comunidad, quienes no permitieron que, como lo quería cierto representante a la Cámara por Bogotá, retornara la pólvora a la ciudad.

El entonces alcalde Mockus decía: "La vida es sagrada". Las pieles de los niños y las niñas también lo son.

Guillermo Camacho Cabrera

Foto: Antanas Mockus, tomada de Plan Decenal de Educación - Debate Público