miércoles, 6 de enero de 2010

El abuso sexual infantil: un problema que no da espera

Los aterradores, para una sociedad sana, índices de abuso sexual infantil en Colombia son un grito silencioso (o más bien silenciado), de las víctimas a los adultos que deben protegerlos y a sus victimarios para que cesen las vejaciones.

Es increíble que un problema que afecta a más de 15.000 niños y niñas anualmente en Colombia, lo que lo caracteriza como epidemia, y que está catalogado por las autoridades como un problema de salud pública, no haya tenido aún una intervención clara por parte del Estado, ni de las familias, ni de la sociedad.

Una proyección de medicina legal de 1998 estimó que solamente en Bogotá unos 80.000 niños y niñas eran víctimas de abuso sexual cada año. Tan solo, estimó medicina legal, entre 2% y 5% de los casos totales son denunciados por las víctimas y sus familias. Este es un delito cuya dimensión se conoce por las tasas de denuncia y no por las de ocurrencia, como sucede con otro tipo de delitos.

La proyección de medicina legal no es lejana, ya que 80.000 niños y niñas son 3,6% del total de la población actual de 2,2 millones de niños y niñas en la ciudad, y los tipos y formas de abuso sexual infantil son tan diversos, escondidos, soterrados e irreconocibles al principio para las víctimas, que no es extraño que Colombia esté rondando por esas cifras.

Ni el sistema sociolegal de una ciudad como Bogotá, ni el sistema de salud tampoco, podrían responder de una manera eficiente si cada víctima o familia (con esas proyecciones de medicina legal de hace más de una década), denunciara el abuso sexual que se da en su interior, por lo cual se hace perentorio que los sectores de Justica y de Salud trabajen conjuntamente a través de dos estrategias, necesariamente simultáneas y a largo plazo:

Primera: El establecimiento de una política criminal que permita, por una parte, prevenir el delito y, por otra, abordar los casos actuales. Ello en beneficio de las víctimas y no de los victimarios, como sucede en muchos casos actualmente (el índice de impunidad en Colombia para 2005, de acuerdo con un estudio de la Defensoría del Pueblo, indicaba que llega a condena solo un caso de cada 1.000 denunciados. Para 2007 en Bogotá esta cifra ascendía a entre 40 y 50 condenas por cada 1.000 denuncias).

Segunda: El establecimiento de una política pública en salud mental que promueva la crianza sana en las familias y las escuelas, ayude a niños y niñas a desarrollarse en ambientes proactivos y apreciativos y permita que los adultos den soporte a la etapa de la infancia de las crías. Ello, por supuesto, con intervenciones claras a nivel comunitario y masivo de enfermedades como la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño, la neurosis y que puedan, en lo posible, corregir las disotorsiones congnitivas que pueden tener los adultos de los niños y las niñas. Adicionalmente el sector Salud debe hacer todo lo que esté a su alcance para atender de manera integral la recuperación y restablecimiento de la salud física, mental y los derechos de los niños y niñas víctimas detectados, en compañía de otros sectores si ello se hace necesario (por ejemplo, Educación, Bienestar Social, Justicia, entre otros).

El sistema de protección, por su parte, en cabeza del ICBF, las Comisarías de Familia y la Fiscalía General de la Nación, deberá contar con protocolos técnicamente diseñados que permitan estabecer el nivel de riesgo de un niño o niña en un entorno específico y tomar medidas que le protejan del abuso o posibles nuevos abusos cuando se conoce que ya estos han sucedido.

Por otra parte la realización de campañas masivas (revaluando el concepto de campaña), que informen a las familias, comunidades, escuelas y redes de soporte acerca de los tipos de abuso sexual infantil, formas de reconocerlo y maneras de prevenirlo, así como la condena pública o legal de abusadores identificados, facilitará la acción alrededor de la intervención del problema.

Que los victimarios sepan que no va a haber un solo espacio posible donde puedan abusar impúnemente de los niños y las niñas.

El abuso sexual infantil es un problema que no da espera. Las secuelas y consecuencias en el cuerpo y el alma de los niños y las niñas son graves para el presente y el futuro de la especie humana y también de nuestra sociedad colombiana. El abuso sexual infantil mata la infancia y priva a nuestros niños y niñas del tesoro más preciado que pueda poseer un ser humano: La Dignidad.

Este es el momento en que los gobernantes, quienes van a serlo y quienes hoy tienen como responsabilidad aceptada la construcción de políticas públicas, giren su mirada hacia la infancia de Colombia y creen las condiciones para que el abuso sexual infantil sea proscrito de las prácticas cotidianas.

Que entre todos podamos fabricar escudos reales contra el abuso sexual infantil, como lo hace el niño de la fotografía que ilustra este Blog. Colombia lo demanda.

Guillermo Camacho Cabrera

Fotografía: Niño de la comunidad Scout pintando su "escudo personal". Por: Guillermo Camacho Cabrera