sábado, 16 de octubre de 2010

Agua, roca y Espíritu Santo

Cerros Orientales de Bogotá. Foto: Guillermo Camacho-Cabrera

Agua y roca. Y naturaleza verde, es decir, vida. La vida expresada en el agua y en la fuerza del espíritu que es el alma de las cosas. La roca y el agua vibran a velocidades insospechadas, haciendo que el movimiento interno sea imperceptible al ojo. Las ondas de la luz golpean la roca, el agua y las hojas, haciéndoles visibles y coloridas. El sonido del agua cayendo, purificándose a sí misma y limpiando a su paso me recuerdan el sacramento del bautismo, que es recibir el Espíritu Santo en uno.

Agua y roca. Decían en una reunión hace unos días que los jóvenes hoy son como el agua, que se deslíen ante un problema, se derriten y no lo afrontan. Que por el contrario las generaciones más viejas (los padres de estos jóvenes), fueron criados como rocas, que afrontaban los problemas y no se derretían ante ellos. Yo creo que el agua y la roca son complementos, pues qué sería de la vida sin jóvenes, de la roca sin el agua, de los problemas sin el derecho a reconocer la frustración y la posibilidad de cambio. El agua es más que un fluido desleído, es la expresión de la Fe en que la vida corre y que evoluciona en un proceso permanente.

Agua y roca son sinónimos. Es el Espíritu de Dios expresado en la vida y el entorno. Hoy es un día de bautismo feliz.

Guillermo Camacho-Cabrera
guillermo@papelysignos.com