miércoles, 29 de octubre de 2014

El hijo del magistrado

Que el hijo del magistrado haya recibido un llamado de atención por parte de las autoridades colombianas no es extraño.

Que el magistrado haya llegado al sitio del suceso gritando y vociferando con su esposa al lado, amenazando a policías y autoridades, sí es extraño.

Más extraño cuando el magistrado es el presidente de la corte suprema de justicia.

Que una de las más altas dignidades de la justicia esté en manos del magistrado que pierde el control, vocifera, presta su carro oficial a su hijo, digno él de sospecha vecinal de contravenir la Ley, es vergonzoso.

¿Qué hacía el hijo del magistrado?

¿Es legal que su padre influya para que la justicia que está bajo su potestad sirva para que, sin preguntar ni informarse, haga valer el tan conocido en Colombia "usted no sabe quién soy yo"?

Sí es deprimente que el magistrado diga a los medios de comunicación que se siente "desprotegido".

Es más deprimente que el general de la policía (debería ser de la poesía), diga que el hijo del magistrado es hijo de alguien que tiene una "alta dignidad", como si una persona fuera más digna que otra en Colombia, y que por ello merece un trato especial.

Que la Mayor de la policía obligue a sus subalternos a apagar una cámara de video porque aquí "no está sucediendo nada ilegal, patrullero", no es signo de la Mayor transparecia.

¿Qué significa justicia?

El hijo del magistrado es, lastimosamente, la imagen decadente de un sistema de justicia preñado de corrupción y de favorecimientos personales.

Que lo digan si no, los niños y las niñas víctimas de abusos sexuales cuyos procesos quedan impunes porque jueces y magistrados fallan en contra de las víctimas, favoreciendo a victimarios y abogados que protegen a personas que, como el hijo del magistrado, suelen ser más "dignas" que  los niños y niñas a quienes abusaron.