martes, 11 de noviembre de 2014

Don Domingo

Siempre lo saludé con un respeto reverencial.

Le decía, después del saludo, Don Domingo. No le producía molestia.

Con su voz profunda, salida de su barba siempre luenga, Domingo contestaba el saludo. Y esa era nuestra relación. Nunca me sonrió, como yo hubiera esperado. Yo oía sus noticias económicas, pues tal vez era el mejor redactor económico del país; el mejor relacionado; el más conocido y respetado por la fuentes, consultado por ellas, muy crítico y audaz. Me gustaba escuchar sus noticias y sus análisis. Lo admiré siempre.

Su sonrisa para mi la conocí luego de la penúltima asamblea de Círculo de Periodistas de Bogotá CPB, cuando risueño, luego de que lo saludé a la salida, me preguntó con su candidez característica que quién era yo. Ese día de este 2014, por primera vez le dije Domingo, con más alegría por volverlo a ver, que reverencia. Fui muy efusivo. Y él también. Me agaché hasta quedar a la altura de su silla, le tomé la mano, intercambiamos algunas ideas y copié su correo electrónico. Nos despedimos con la promesa de una comunicación pronta.

Siempre me encantaron sus sacos de paño de colores ocres, con corbata y camisa de similares tonos, algunas veces chaleco de lana y pantalón de pana. Zapatos cómodos. Formal y descomplicado a la vez, Domingo fue modelo para una o dos generaciones de periodistas en Colombia. Los oyentes siempre quedaban bien informados con las noticias de Domingo De La Espriella.

Cuántas personas conocemos a lo largo de la vida. A cuantas impactamos con nuestro comportamiento y ética. A cuántas recordamos como yo recuerdo a Domingo. Con alegría y añoranza; desde el corazón.

Sus millones de oyentes en el país, estoy seguro, también lo recuerdan, o recuerdan su voz. Su hoy y siempre hemosa voz. Muy radial.¡Tal vez la más radial de todas! Que acompañaba con su personalidad, entonación y experticia en temas económicos.

Esta noche haré una oración por Don Domingo De La Espriella, así como la haré por Don Manolo Villarreal, de quien apenas hoy conozco su deceso, y como la hice por Don Guillermo Castellanos Díaz, narrador taurino que llevó al oído de la afición colores como los granates y oros, tomados de los trajes de los diestros.

Ahora los tres deben estar juntos en el cielo, recordando viejas anécdotas y fundando una emisora celeste.

De lo que sí estoy seguro es de que Domingo, Manolo y Guillermo son habitantes plenos de nuestros recuerdos. Buenos recuerdos. Vivos recuerdos. 

Que el Dios de la Vida los tenga en su Gloria.

Amén.

Guillermo Camacho-Cabrera
guillermo@papelysignos.com 

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