domingo, 20 de marzo de 2016

Los refugiados

María, por Cerezo Barredo.
Los refugiados solo son refugiados cuando tienen refugio, es decir, cuando han sido recibidos y están seguros.

Antes de eso solo son desplazados, buscadores de refugio.

Es una lástima que en su proceso entre el desplazamiento y el refugio estén en juego la dignidad, la solidaridad y la humanidad.

Es indigno que países no les reciban. Que los excluyan. Es insolidario que los rechacen. Es inhumano que no haya refugio.

Los refugiados son un desafío a las políticas sociales y públicas de cualquier país, ya sea expulsor, receptor o candidato a dar refugio.

Los refugiados tienen necesidades básicas insatisfechas. Un techo, abrigo, comida, afecto, una red de apoyo y de soporte.

Los refugiados son un salpicón en medio de la monotonía europea. El llamado al sincretismo. La fulminante e inequívoca prueba de que otras realidades existen.


Los refugiados son hermanos que necesitan de otros hermanos para rehacer sus proyectos de vida.

Los refugiados retan la capacidad de convivencia.

Recibir a los refugiados es la expresión más grande de desarrollo económico, social, político y religioso.

El acto de dar hospitalidad es por sí solo una religión.

El fin último de todo refugiado es retornar, y lo que se haga para que sea posible pasa por el consenso.

La ONU es una tribu que llama al consenso.

Los refugiados son a la ONU como las palmas al cante jondo. Sin ellas, no hay esencia.

Guillermo Camacho Cabrera
guillermo@papelysignos.com

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