domingo, 22 de octubre de 2017

Influencia de los medios masivos de comunicación en la formación de jóvenes violentos en escuelas y colegios

Por: Guillermo Antonio Camacho Cabrera
(Especial para Revista Magisterio, edición #73. Abril de 2015)

Resumen 

Los medios masivos de comunicación son vistos como entes con vida propia a los cuales se sataniza o glorifica. Los contenidos de violencia de estos medios son afines a la realidad de muchos niños, niñas y adolescentes en América Latina que se crían en familias y escuelas violentas; sin embargo, quienes dan vida a los contenidos de los medios de comunicación son personas con historias de vida propias que inciden en los contenidos que comunican. ¿Cuentan los niños y jóvenes en las escuelas con criterios para decidir qué contenidos necesitan?

Palabras clave

Medios de comunicación, violencia, contenidos, recursos pedagógicos

Caminando hacia un marco conceptual


Hablar del papel de los medios masivos de comunicación en la formación de jóvenes violentos en las escuelas o colegios, lleva a comenzar el análisis a partir de un sintético marco conceptual que se refiere enseguida.

En general, se ha dado a los medios de comunicación unas responsabilidades que no merecen. Se les culpa o endilga de promover la violencia, hacer apología de los comportamientos violentos o de ser, en sentido contrario, las tablas de salvación en procesos pedagógicos que fomentan el cambio y la convivencia pacífica.

Cuando la gente habla de los medios, y en especial de los medios masivos de comunicación, hace referencia a la prensa, la radio, la televisión, la Internet y, en menor medida, al cine. En el proceso de comunicación, radio, prensa, televisión, cine e Internet son solamente, como su nombre lo indica, medios a través de los cuales se transmite un mensaje (contenidos), que una fuente (emisor), quiere hacer llegar a un receptor (públicos o audiencias), usando un canal específico (escrito, audiovisual, oral).

El problema o las preguntas alrededor de los medios masivos de comunicación asociados a las violencias, deberá resolverse en el terreno de los contenidos y de sus creadores, en el terreno de las audiencias, y no en el de los medios, que son únicamente los facilitadores para que el mensaje (contenidos) llegue a las audiencias.

El profesor Luis López Forero lo expresa claramente cuando dice, basado en McLuhan, que los medios son aparatos que amplifican las capacidades sensoriales actuando como extensiones de los sentidos. “Son simples transportadores de mensajes positivos o negativos, alienantes o liberadores, informadores o distorsionantes”. Y agrega: “Quienes insisten demasiado en los medios, hasta convertirlos casi en mitos, en el fondo solo tratan de encubrir el problema de los contenidos y de esconder o minimizar el problema de su uso y de los responsables” (López Forero, 1987, pág. 30).

Hablar de violencia y medios de comunicación es, entonces, hacerlo acerca de un problema de contenidos, de creadores de mensajes y de audiencias, magnificadas estas últimas por la capacidad del medio de comunicación de llegar a miles, a cientos de miles  o a millones de personas de manera simultánea (e inclusive asincrónica, en el caso de la Internet), que es donde radica su verdadera importancia.

Mirar al medio de comunicación implica mirar a las personas de carne y hueso materializadas en los creadores de contenidos, y en los tomadores de decisiones al interior de las estructuras organizacionales de los medios. Estas personas, humanas, tienen una historia y una vida propias que pueden haberse desarrollado en contextos de violencia física, psicológica, sexual, intrafamiliar, laboral, entre otros tipos de violencias o, por el contrario, en contextos de convivencia pacífica, comprensión, armonía, diálogo, atención y cuidado. Es la ruleta a la que se enfrenta quien quiera abordar el tema de los medios de comunicación y sus contenidos asociados con la violencia.

Definición de violencia

Se usará para el análisis el concepto de violencia que ofrece a lo largo de sus investigaciones el médico salubrista colombiano Saúl Franco Agudelo:

“Podemos entenderla como el mecanismo que empleamos los seres humanos para tratar de resolver las tensiones y conflictos de la vida personal y colectiva mediante el uso de la fuerza y la consiguiente producción de cualquier tipo de daño en la víctima, en especial la negación de sus derechos, incluyendo el derecho a la vida. Es, por tanto, una conducta aprendida a lo largo de la vida en sociedad; una acción o conjunto de acciones, elaboradas, con una intencionalidad definida y siempre nociva, independientemente de que el fin que busque pueda tener una connotación positiva” (Franco, 2014).

Llama la atención de la definición, que la violencia se use para intentar resolver tensiones y conflictos (aparente solución). Que use siempre la fuerza (ya sea a nivel físico o psicológico). Que produzca daño en la víctima (hay una concepción de víctima y de victimología). Que niegue los derechos de las personas (marco de derechos). Que sea una conducta aprendida a lo largo de la vida social (educación). Que sea intencional (responsabilidad). Que sea nociva (daño).

Con el anterior contexto, vale la pena preguntar: ¿inciden los contenidos de los medios masivos de comunicación en la formación de jóvenes violentos en las escuelas y colegios?

En busca de respuestas

La respuesta no puede ni debe pasar desprevenida.

Los contextos en que se desenvuelven niños, niñas y adolescentes de hoy son adversos. El Informe de América Latina en el marco del Estudio Mundial de las Naciones Unidas “La violencia contra niños, niñas y adolescentes” revela datos que son sencillamente escalofriantes a la luz de la definición de violencia expuesta anteriormente:

“Estudios recientes realizados en países latinoamericanos señalan la existencia de una práctica generalizada de castigo físico contra niños en zonas tanto urbanas como rurales. Esta tendencia tiene algunas características importantes de destacar:

(…)

“2. El castigo físico está relacionado con la idea de que, al producir sufrimiento, los niños y las niñas aprenderán la lección que se quiere ofrecer. Así el castigo físico está legitimado como una forma de aprendizaje.

(…)

“Además las y los investigadores y defensores de los derechos de las mujeres insisten en señalar a la cultura patriarcal como la fuente primaria de estos comportamientos por cuanto entiende que mujeres y personas menores de edad deben estar subordinadas al poder de los hombres adultos de la familia. Además de que esta cultura ubica a las mujeres en posiciones subordinadas, la discriminación por razones de género las coloca en una situación de desigualdad social en todas las áreas de la vida” (Pinheiro, 2006, pág. 40).

Ante realidades de violencia crónica sobre su propia persona como sucede con el maltrato infantil, perpetrada esta por quienes deberían proveer protección y condiciones sanas para el desarrollo de niños, niñas y adolescentes, los niños y jóvenes se ven enfrentados a situaciones paradójicas que distorsionan su percepción de la realidad y facilitan la repetición del modelo o esquema violento de relación: ¿cómo quien debe protegerme en mi familia me maltrata? ¿Cómo en la escuela, que es el sitio donde aprendo y también formo vínculos, me maltratan?

Esto para decir que con o sin medios de comunicación que emitan contenidos violentos, la situación de realidad de niños, niñas y adolescentes es dramática:

“En el discurso de niñas y niños la violencia física se expresa en maltrato físico tales como golpes, patadas, pegarles con diferentes objetos o con lo que encuentran —zapatos, bejucos, chilillos de caballos*, fajas, cables, mecates, alambres de púas—.  Este tipo de castigo físico es ejercido más hacia los niños que hacia las niñas. En el área rural las niñas expresan recibir castigos físicos con rajas de leña. Algunas niñas y niños manifiestan que el maltrato puede llevar hasta la muerte” (Pinheiro, 2006, pág. 40).

Es muy posible que los medios de comunicación y sus contenidos de violencia legitimen culturalmente el uso de la fuerza en audiencias que refuerzan su realidad mediante las relaciones violentas.

Acercándose al análisis

La creación de contenidos para prensa, radio, televisión, cine e Internet está mediada por dos tipos de personas: quienes crean los contenidos (llámense periodistas, creativos, guionistas, libretistas, productores, realizadores, desarrolladores de contenidos, escritores, entre otros), y quienes toman las decisiones de qué se publica, qué no y qué agendas o temáticas se deben tratar (presidentes, gerentes, directores, editores, profesionales de marketing, jefes de prensa, financiadores, entre otros).

La producción de contenidos, por ser humana y por tener “la capacidad de influir cada día más en la vida de cientos de miles o de millones de personas” (Aznar, 2005, pág. 20), se torna, además del uso de técnicas de comunicación para audiencias generales o especializadas, en un problema ético.

Como lo expresa el teórico estadounidense de la comunicación David Berlo, “podemos definir el contenido como el material del mensaje que fuera seleccionado por la fuente para expresar su propósito”, en tanto que “el tratamiento del mensaje se refiere a las decisiones que toma la fuente en cuanto a la forma de emitirlo”. Y remata: “la personalidad y otras características individuales de la fuente son las que determinan el tratamiento que habrá de dar al mensaje” (Berlo, 1981, págs. 34-35).

Si la creación, tratamiento y decisión sobre los contenidos que publican los medios de comunicación dependen de la personalidad y otras características individuales de los creadores y decisores (quienes para el caso son la fuente de la información), el problema ético se vuelve aún más complejo.

La emisión de mensajes y contenidos ya no depende únicamente de las cuestiones relacionadas con la formación para la comunicación. Depende también de quién está al frente de la producción de contenidos en los medios masivos de comunicación, de cómo es su personalidad, cómo son sus características individuales, el sistema de valores humanos que maneja, el comportamiento en público y en privado, la forma de relacionarse con su familia y sus pares en el trabajo, con sus subordinados y con sus jefes.

La emisión y venta de pornografía en diarios, revistas, televisión e Internet, la creación de escenas de violencia en medios audiovisuales, la producción de programas de realidad o realities que confrontan al ser humano a través de la violencia, la producción y emisión de noticias alrededor de sucesos violentos presentados sin contexto ni elementos para el análisis, no aportan de ningún modo a la convivencia pacífica ni a la construcción social de una sociedad en paz ni a la promoción de la dignidad humana.

Los miles de millones de dólares anuales que produce el negocio de la pornografía en el mundo con sus consecuencias en el desarrollo de la salud mental de hombres y mujeres; de niños, niñas y adolescentes que acceden o son obligados a acceder a este tipo de contenidos en contravía con sus derechos, junto con las ventas que producen los contenidos de violencia que evocan los instintos más primarios del ser humano, son producidos por personas cuya ética social y personal es cuestionable o inexistente.

El economista y estudioso del tema de la ética y la responsabilidad social empresarial Víctor Hugo Malagón expresa de manera contundente cómo debe ser la relación entre negocio y sociedad. “La generación de valor, riqueza y bienestar debe corresponder de alguna manera a parámetros que dignifiquen tanto a quien los crea como a quien los recibe, de otra forma no tendría sentido” (Malagón, 2010, pág. 40). Establece así una relación entre dignidad, ética y empresa o negocio.

Como conclusión parcial, los medios masivos sí influyen en la formación de jóvenes violentos en las escuelas y colegios. Su influencia puede ser positiva cuando sustentan sus contenidos en la promoción de la dignidad humana, los valores humanos, los derechos y la convivencia pacífica. Negativa cuando sustentan sus contenidos en mensajes con pornografía, violencia o información de hechos violentos sin contexto ni elementos de análisis.

Propuestas pedagógicas como herramientas para los docentes y para aplicar en el aula

Vale la pena en este punto, acudir a metodologías de taller donde a partir de un sondeo de contenidos a los que los niños, niñas y adolescentes acceden, se establezca cuál es el sistema de valores que sustenta el contenido analizado. ¿Dignifica? ¿Promueve la convivencia pacífica y la resolución pacífica de conflictos? ¿Promueve los derechos humanos y los derechos de los niños, niñas y adolescentes?

En el taller se puede especular alrededor de: ¿cómo sería la infancia de la persona que creó dichos contenidos? ¿Cómo es su vida actual? ¿De qué manera se relaciona con las personas a su alrededor? ¿Los contenidos son un modelo de vida para mí? ¿Esa persona es un modelo de vida para mí? ¿Por qué?

En los talleres se pueden analizar canciones de moda, programas de televisión, contenidos de Internet, contenidos de redes sociales virtuales, teniendo los cuidados necesarios para no exponer imágenes bizarras, de pornografía o de violencia excesiva.

Este ejercicio promovido desde todas las asignaturas del currículo escolar permitirá que niños, niñas y adolescentes aumenten su capacidad de análisis y escogencia de contenidos en los medios masivos de comunicación, buscando aquellos que abran las puertas a su sano desarrollo físico, psicológico, afectivo y moral.

Bibliografía

Aznar, H. (2005). Ética de la comunicación y nuevos retos sociales. Códigos y recomendaciones para los medios. Barcelona: Paidós.

Berlo, D. K. (1981). El proceso de la comunicación. Introducción a la teoría y a la práctica. Buenos Aires: El Ateneo.

Franco, S. (3 de octubre de 2014). Pobrezas, inequidades y violencias en Colombia: para romper el círculo vicioso. Recuperado el 17 de diciembre de 2014, de Universidad Pontificia Bolivariana: http://www.upb.edu.co/pls/portal/docs/PAGE/GPV2_UPB_MEDELLIN/PGV2_M030_PREGRADOS/PGV2_M030040040_TRABAJOSOCIAL/EVENTO%20RED%20FAMILIA/SA%DAL%20FRANCO.PDF

López Forero, L. (1987). Introducción a los medios de comunicación. Bogotá: Universidad Santo Tomás.

Malagón, V. H. (2010). Ética y responsabilidad: el nuevo reto de generación de valor en las organizaciones. Bogotá: Fundación Konrad Adenauer- Corporación Pensamiento Siglo XXI.

Pinheiro, P. S. (2006). La violencia contra niños, niñas y adolescentes. Informe de América Latina en el marco del Estudio Mundial de las Naciones Unidas. Ciudad de Panamá: Unicef.

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*Látigos para caballos (en Centroamérica). En algunas regiones de la Costa Pacífica de Colombia venden en tiendas “rejos” especiales para golpear a los niños (N. del A.).




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