Columnista invitada: Ximena Domínguez

Otra vez y la misma fecha
Por: Ximena Domínguez Irisarri, Orientadora Familiar Universidad de La Sabana (septiembre-octubre de 2017)

Cuando uno ha vivido un hecho impactante en su vida como es una tragedia natural, lo menos que se espera es volverla a vivir aun cuando sea de diferente forma, y menos a la distancia.

Aquel 19 de septiembre de 1985 a las 7:19 de la mañana nos sorprendió un movimiento telúrico en Ciudad de México, el cual hizo que cambiáramos radicalmente la forma de vida que conocíamos.


Este año, el 19 de septiembre en la tarde, Ciudad de México volvió a vivir la pesadilla de un terremoto cuando pocas horas antes había sonado una alarma sísmica que desde 1985 idearon para mantener a la población alerta ante este tipo de amenazas.

A diferencia de aquel evento hoy sí ha habido forma de verificar si amigos y familiares están bien gracias a la evolución tecnológica desde Google, con herramientas fabulosas, hasta con el simple mensaje de Facebook o Whatsapp.


Esto también ha permitido ayudar difundiendo mensajes que amigos y familiares me han hecho llegar.

Hoy como ayer se ha visto al pueblo mexicano unirse en torno a los damnificados dando ayuda desinteresada. Sé que, por lo menos, dos colegios conocidos han ofrecido sus sedes para que el colegio derribado pueda reanudar sus clases.


También hoy como ayer, la ayuda internacional llegó a raudales y debo destacar especialmente la enviada por la ciudad de Bogotá y Colombia que ha resultado  muy efectiva.


En ambos terremotos hubo "niños fantasmas" que mantuvieron en vilo a la población: Monchito y Frida Sofia, no entiendo por qué se dio vuelo a estas historias.


Me pregunto cómo puede funcionar un celular sin luz o batería cercana para conectar cuando está debajo de toneladas de escombros para dar la ubicación de gente con vida, si sabemos que si no hay energía el WiFi no funciona; sin embargo, la principal recomendación es mantengan los celulares completamente cargados y con el sistema de ubicación y localización activo.


Juan Gabriel, el nuevo Agustín Lara o José Alfredo Jiménez o Joan Sebastian

Juan Gabriel.
Por: Ximena Domínguez Irisarri, Orientadora Familiar Universidad de La Sabana (3 de septiembre de 2016)

Cuando uno nace en un país musical como el que me tocó, se acostumbra a tener actividades centradas en esa faceta de la cultura, presentaciones musicales en las escuelas y colegios cantando canciones de moda, programas musicales en la televisión los fines de semana, y aprende a valorar el trabajo del artista ya sea cantante o actor, la función es entretener.

Cuando además pone en la boca del público canciones escritas por él mismo, es compartir la esencia de su alma. Y esto es lo que hizo Juan Gabriel, quien desde 1972 hasta el 26 de agosto de este año imprimió en la cultura mexicana su personalidad, traspasando fronteras de países y continentes con el lenguaje de la musica amorosa.
 

Lo han comparado con Elvis Presley. Yo no lo veo en el mundo del rock; más bien diría que fue el nuevo Agustín Lara o José Alfredo Jimenez. Sus canciones reflejan la cotidianidad de la vida actual, y ese es su legado.
 

Juan Gabriel físicamente no está ya, pero sus canciones sonarán tanto tiempo como las de los grandes compositores que México ha dado al mundo.

Descanse en Paz Juan Gabriel.



El mundo de los niños y sus reacciones, son diferentes a las de los adultos

Por: Ximena Domínguez Irisarri, Orientadora Familiar Universidad de La Sabana (13 de junio de 2016)

Constituye parte de la naturaleza del hombre occidental de nuestros días el desdoblamiento de su personalidad. Su ser y pensar se han separado hasta concluir por regirse, el segundo, por sus propias leyes sin relación alguna con la vida del hombre, cayendo en un abandono psíquico cada vez mayor, puesto que su religión dejó de ser el lazo de unión con el mundo divino. De la conciencia de su abandono nació el miedo.

Todo juicio acerca de un niño debe comenzar por informarse acerca de la atmósfera que dicho niño respira. La mayoría de los padres ven en el recién nacido a un ser que proviene solamente de su estirpe y esto es cierto; pero sólo en parte.

Todo recién nacido es corporización y encarnación de un ser espiritual que poco o nada tiene que ver hereditariamente con sus padres, pues proviene del mundo divino y significa más don de Dios que posesión de sus padres.

La capacidad de percepción del niño no llegará a su máximo desarrollo sino hasta cuando sus órganos de los sentidos hayan madurado como los del adulto. El niño es un ser dotado de percepción desde el principio, desde su nacimiento.

Desde las primerísimas horas de su existencia terrena el niño respira la atmósfera del mudo que lo rodea, de sus padres y hermanos, respira hasta la manera de ser de las personas de su medio ambiente, incluso empieza a tener percepciones dentro del vientre materno.

El alma humana es el recipiente más sensible que existe. Todo lo que caiga dentro de ese recipiente confiere energías productoras de salud o enfermedad.

En un primer momento no ocurre nada. Las consecuencias pueden no notarse por largo tiempo; pero un día empiezan a anunciarse los frutos de una siembra remota y entonces se revela que la imagen del hombre había sido deformada, rebajada y ofendida constantemente en aquel pequeño ser terreno que acababa de nacer.

El niño pequeño es obligado desde un principio a adoptar una posición de defensa pues ya la atmósfera de nuestra civilización demuestra no ser mas que un único trastorno del alma.

Los hombres actuales no aciertan a ver que un niño que van a recibir, el ser desválido que acaba de abandonar el vientre materno es el mundo divino, el mundo de los ángeles que quiere ser recibido en su verdad y esencia.

En los primeros días y semanas de vida del niño se deciden muchas cosas, gran cantidad de cosas que aparentemente son indiferentes, cotidianas y secundarias revisten una importancia perdurable. Más de una neurosis obsesiva y de una neurosis de angustia debe su formación a una herida psíquica inferida en los primeros meses de vida.

Los profesores son modelos

Los profesores son personas muy importantes en la educación de niños y jóvenes, durante todo el proceso escolar porque si de chicos se tuvieron profesores comprensivos y en el último año el panorama cambió, los efectos se pueden notar en la baja de autoestima que puede provocar enfermedades en los alumnos por el alto nivel de exigencia y stress que los profesores dictatoriales provocan. Un ejemplo de esto lo podemos leer en el caso "Una Vida Diferente" y Confirmarlo en su segunda Parte: " Una excelente guía espiritual" .

El hecho de que alguien que sea diferente a los demás alumnos no debe ser causa de verlo como un "alumno problema"; si esto sucede probablemente el profesor debe pedir cambio de grupo para no lastimar la personalidad del chico o el daño que causará es inmenso. 




Un "No" rotundo a la Ley del Hielo en la Escuela

Por: Ximena Domínguez Irisarri, Orientadora Familiar Universidad de La Sabana (17 de marzo de 2016)

Imagen suministrada por Ximena Domínguez.
 Tengo Parálisis Cerebral desde que nací y quiero contarles lo que sentí durante mi época escolar.

Cuando era pequeña y vivía en México me aplicaron varias veces un castigo clásico en la sociedad mexicana, cuyo recuerdo hace que sienta los efectos del Bullyng social actual, del cual hace parte: “La Ley del hielo”. Es la deliberada intención de ignorar a la persona a la cual es aplicada, de tal manera que no lo determinan durante cierta cantidad de tiempo, pase lo que pase. Esta ley afecta más a personas con limitaciones, aunque es aplicada a todos los niños. Llegaba al salón y nadie me saludaba. Era como si tuviera puesta una “Capa de invisibilidad”. Eso me marcó.

Muchas veces la integración social de personas con capacidades distintas al común denominador, en las escuelas, está llena de prejuicios por parte de profesores que a través de castigos denigrantes como la “Ley del hielo” influyen en que los compañeros no nos acepten como debe ser y seamos objeto del Bullyng por la ignorancia hacia lo que vivimos. Es decir, somos fácil blanco de las burlas o comentarios malintencionados y en esto participan tanto profesores como compañeros. Los profesores llegan a decir cosas como ésta: “Eres insociable, tú no deberías haber estudiado aquí sino en un colegio especial. Nunca irás a la universidad”. O se empeñan en obedecer ciegamente las reglas de convivencia estipuladas en los reglamentos sin adaptarlas a cada caso particular por ejemplo: la niña que necesita comer dentro de clase para regular su azúcar y es castigada injustamente.

Todavía hay gente que esconde a sus seres queridos discapacitados, aun cuando sea temporalmente, lo que hace que ellos se aíslen de la sociedad y caigan en depresiones surgidas del pensar en el ¿qué dirán, que pensarán y que sentirán los otros de mí?, pensamiento surgido de una baja autoestima que hay que contrarrestar a como de lugar; el ser que crece aislado de los demás, por sufrir una diferencia física o intelectual, no puede remar en las oleadas de la marea de la sociedad humana y llegar a puerto seguro. Más adelante los niños víctimas del Bullyng social por prejuicios pueden desarrollar un sistema de defensa en el cual todas sus relaciones están basadas en sus ideales porque no se han aceptado a sí mismos.

Hago un llamado a que no se avergüencen de las personas con alguna diferencia y sean sacadas de la reclusión social. Es urgente a nivel mundial fortalecer pedagógicamente a los profesores para que desarrollen en ellos el sentido de humanidad, comprensión y sensibilidad y así enseñar a sus alumnos a integrar a éstas personas. Paradójicamente, si hay un tipo de gente al cual no le importa el que dirán para salir adelante somos precisamente los discapacitados... ¿A dónde llegaríamos si nos dejáramos influir por el qué dirán, el que pensarán y el qué sentirán los demás de mí?...

No se por qué es tan difícil para una persona sin limitaciones ponerse en el lugar de una persona como nosotros y en cambio a nosotros no se nos hace difícil disfrutar la vida normal por medio de los demás.


Los Perros Guía no atacan

Por: Ximena Domínguez Irisarri (a diciembre del año 2015)

Muchas veces las personas en la sociedad no se dan cuenta de las necesidades especiales de otras personas y las atacan. 

Cuántas veces pasamos por la calle y vemos carros parqueados frente a rampas especiales para personas en condición de discapacidad. Esto molesta a las personas que están en silla de ruedas o usan muletas para caminar en la calle. 

Quiero concientizar a las personas. 

Si alguien va con un perro al lado y usa lentes, puede ser que esa persona necesite su Perro Guía para caminar bien en la calle; los Perros Guía no son perros vagabundos sino los ojos de sus amos. ¿Por qué atacarlos? ¿Por qué amenazarlos con echar gas pimienta? 

La calle es para todos y se debe transitar libremente. No con miedo a ser víctimas de violencia por la condición. 

Peor aún que un vecino del edificio tenga esas ideas, por miedo al animal... 

Por favor, esos animales solo protegen a su dueño, no van a atacar a nadie. 

Estos incidentes demuestran que hay un gran grado de ignorancia hacia las personas de situaciones de vida diferentes.  

A Gaby Bimmer
Por: Ximena Domínguez Irisarri (a 4 de octubre del año 2015)

Soy mexicana también.

Sufro Parálisis Cerebral como tú.

La mía es espástica.

La tuya elástica y atestónica.

Crecimos en familias amorosas
que dejaron florecer las rosas.

En los estudios las dos sufrimos amargas decepciones
cuando nos tuvimos que enfrentar a la ignorancia y al rechazo de la gente.

Tú tuviste suerte en cuestión del corazón, pudiste saber lo que es novio tener.
Yo no tengo novio. Sin embargo, hay dos muchachos que me gustan:
uno es vecino de mi casa y fue jefe de mi hermana.
Los dos platicamos rico cuando en la calle nos encontramos,
sin embargo, se que tiene novia y tal vez esté yo en desventaja de condiciones.

El otro es el hermano de una amiga. Él no vive aquí, sino en otro continente.
Y ni siquiera lo sabe él, no le he contado jamás, tú si te atreviste
a expresar tus sentimientos, aunque tú y yo tengamos diferentes maneras de ver este tema porque, te diré sinceramente, que no comparto tu forma de relacionarte
con el sexo opuesto.

Tú perdiste a tu padre muy joven, yo tengo la suerte de que aún vive,
aunque no todo es perfecto porque lejos de mí está.

Te felicito sinceramente. Tú un libro publicaste y una película también tienes,
yo he escrito varios casos que son capítulos de mi autobiografía
y así he ayudado a mucha gente a comprender mejor nuestro punto de vista.

Si tú con tu pie izquierdo te diste a conocer; yo lo hice ahora a través de mi mano izquierda con ayuda del computador, no de la máquina eléctrica; ¡este invento es fabuloso, uno no tiene que pedir ayuda para cuadrar las hojas!

Yo te gané porque un ramo de novia me gané y tú me ganaste al una bebita adoptar, yo en eso quisiera preguntarte ¿Alma Florencia como manejaría
el hecho de tres mamas tener? Eso puede confundir bastante a un niño pequeño.

Sé que estas en el cielo, que no podemos el teléfono usar para comunicarnos.
Sin embargo, no lo necesitamos porque podemos “hablar” a través de estas líneas;
sí, tal como tú lo hacías, yo también escribo poesías, me encanta leer,
la vida disfrutar a veces a través de amigas que me comparten su vida.

Y también me propuse enseñar a la gente normal a integrar al niño diferente
y es que en el mundo, te diré, que siguen altas las barreras que nos impiden lograr nuestro más íntimo anhelo.

A mí también me tocó cambiar de carrera; solo porque una inhumana profesora me dijo “tú no podrás a la universidad ir". No lo tenía que hacer, eso lo sabemos desde chicos ¿no? Que el mundo no está hecho para nosotros.

Y sin embargo nosotros, así como estamos, podemos intercambiar posiciones, analizar situaciones y entender las reacciones.

Nosotros disfrutamos de la playa, el sol, el mar, la luna, las estrellas, la flor ¿cuantos hay que sufren por el más insignificante dolor y ni aguantan quedarse sin hacer nada porque guardar reposo deben por recomendación médica? ¿Las operaciones no duelen? ¿La soledad, la tristeza, el miedo tampoco?

SOMOS TAN HUMANOS COMO LOS QUE SE VALEN POR SI MISMOS, AUNQUE NECESITAMOS AYUDA.

Mi isla del futuro está en el abismo: "Intensamente", la película del año

Por: Ximena Domínguez Irisarri (a 9 de agosto del año 2015)

Imagen de la película "Intensamente". (Disney-Pixar).
Una de las mejores películas que Disney ha sacado es "Intensamente". El tema, por encima, es una pre- adolescente que enfrenta un cambio de lugar donde vive, y sufre un desajuste emocional. Sin embargo, mas allá de eso, es mucho mas profundo.

Como dice el comienzo de la película: ¿se han preguntado que sucede dentro del cerebro?

Generalmente en los colegios se lo ve en Biología o en Ciencias Naturales por encima.

Cuando uno tiene que visitar neurólogos, ellos se convierten en tus maestros de Biología particulares.

Mi último médico es un gran maestro; él me contó que nuestro cerebro funciona como un computador personal instalado en la cabeza, que solo podía mirar de frente o hacia atrás, pero no tratar de seguir en pos de metas futuras. Puedo ganar dinero vendiendo cosas, pero no hacer equipos, ni perseguir metas, ni escalar rangos, ni usar estrategias.

Esto quizás sea difícil de entender pero... según lo que vi en "Intensamente", mi isla del futuro esta en el abismo y no se puede sacar a la superficie.

El cerebro de una persona con parálisis cerebral tiene las autopistas volteadas hacia arriba como si hubiera sufrido un terremoto, en los libreros de los lados puede o no haber libros, dependiendo del daño ocasionado por la onda. Cuando los estantes estan vacíos, el organismo no funciona bien, dependiendo del sitio puede presentar problemas en los sentidos, en la compresión abstracta, en el área matemática o del lenguaje, pueden tambien afectarse los comportamientos sociales tal y como lo muestra la película, o romperse la interconexión y provocar ataques de epilepsia.

Gracias Disney y a Pixar por permitir que las personas sin contacto cotidiano con estas realidades se puedan asomar un poquito al complejo funcionamiento de nuestro amado computador personal.

Ximena Domínguez Irisarri

Un privilegio en el corazón

Por: Ximena Domínguez Irisarri (a 5 de julio del año 2015)

Jacobo Zabludosky. (Imagen: archivo Diario Excelsior.com.mx)
Cuando tienes un privilegio lo guardas en el corazón, hoy me van a disculpar las luismigueleras pero ya que me dedico a comentar temas actuales debo escribir sobre un personaje del mundo periodístico y cultural mexicano que nos dejó el jueves y al que Luis admiró tanto como para pedirle que lo entrevistara; me refiero al Licenciado Jacobo Zabludosky.

Mi encuentro con él fue en el Hotel Tequendama en un evento de la colonia mexicana para recibir al presidente mexicano en ejercicio.

Yo escribo poemas y mi mamá me dijo ¿y por qué no le escribes al presidente? y yo ni corta ni perezosa lo hice. Lo llevé y entre la multitud pude acercarme a entregarselo.

Mi papá logró encontrarse frente a frente con Jacobo y me lo llevó. Tuve mi entrevista privada con él... fueron quizas 15 minutos en los que hablamos. Gracias, Jacobo, por tu gesto y goza ser un miembro mas del periodico del cielo.

Ximena Dominguez Irisarri

Un viaje y un matrimonio de ilusiones

Por: Ximena Domínguez Irisarri (a 22 de agosto del año 2000) 

Hola amigos, soy Clara. Tengo parálisis cerebral infantil espástica, estando comprometidas las dos piernas y la mano derecha. Mi vida escolar ha sido diferente a la de ustedes, pero siempre he contado con el apoyo de familiares y amigos que me han ayudado a salir adelante.

Mi familia nuclear consta de mi papá Raúl, mi mamá Guadalupe y mis dos hermanos: Juan Manuel y Natalia.

Nací en México al igual que mi papá y mis hermanos. Mi mamá es de Colombia y a raíz del terremoto que hubo en México en 1985 nos trasladamos este país cuando yo tenía 15 años.

Mi hermano es arquitecto y trabaja en la oficina de un tío. Natalia estudia Licenciatura en Comunicación Impresa y Diseño Editorial, teniendo uno de los mejores promedios académicos; ella me comparte algunas lecturas que le dejan y que a las dos nos sirven. A veces le ayudo en sus trabajos de la universidad. Yo me dedico a escribir, y el compartir mi vida me ha llenado de satisfacciones.

Una persona muy importante en mi vida ha sido José Guillermo, mi doctor, especialista en cáncer, mongolismo y parálisis cerebral infantil. Se ha dedicado a bajarme el nivel de estrés con el que salí del colegio, por medio procesos de medicina cuántica.

Este tratamiento es muy diferente al conocido. Tiene varios métodos de diagnóstico con los cuales descubrieron que mi corazón cumplía sus funciones normales, pero al pasar las órdenes de movimiento por él, les hacía cambiar el rumbo. No porque funcionara mal sino porque el cerebelo y el corazón ocupaban la misma frecuencia energética.

Hernán, el otro médico, con un aparato como control remoto que emite rayos láser, cambió la frecuencia energética de estos órganos para que transformara la energía corporal y produjera las respuestas a esa información. Algo así como un computador al cual se le actualizan los programas.

Es un tratamiento que te permite vivir normalmente la vida. Eso sí, con la mayor cantidad de experiencias bonitas que se pueda, para que la recuperación sea más rápida.

Las recetas que me han dado son cuarzos para cuadrar energías y seis semanas de remedios, mezclando cinco frascos en uno de color ámbar, sin que los toque ningún metal, y siendo manejados siempre por la misma persona dos veces diarias por seis días a la misma hora  y con seis horas de diferencia.

El séptimo día se toman vitaminas (extractos de frutas) en el desayuno. Se complementa con una dieta alimenticia en la que los alimentos están clasificados por colores: rojo (pollo, pavo, huevo, pescado, alfalfa, etc.), verde (vegetales verdes), naranja (vegetales no verdes), amarillo (granos), azul (frutas), violetas (nuez, maní), y blanco (cereales), en ciertas horas del día combinados con agua normal y agua deshielada.

Esto ayuda a ir acomodando energías y a eliminar toxinas. A mí me ha sentado bien. Gracias a esta mejoría pude cumplir una promesa.

Hace un par de años vinieron unos tíos mexicanos con tres de sus hijos a pasar año nuevo con nosotros. Se les organizó un tour por la ciudad, que para ese tiempo estaba desocupada y con un clima muy bueno. ¡Les encantó! Y cuando se iban a ir me invitaron a que les acompañara. Yo no me sentía bien para ese viaje y les prometí que iría después cuando me sintiera mejor. Se presentó la oportunidad hace algún tiempo y fui con mi mamá, por tres semanas en verano.

Estaba muy emocionada cuando al fin pisamos tierra yucateca. ¡Ya se imaginarán lo que sentí! Bajé volada por las escaleras del avión con ayuda de mi mamá y de un tripulante... ¡mi corazón latía apresuradamente! No iba allá desde chica y mis recuerdos de aquellos paseos eran muy alegres, pues todo lo que iban haciendo mis familiares lo compartían conmigo.

La familia en esa época no era muy extensa; sólo tenía cuatro primos y me divertía jugando a “Las Estatuas de Marfil” o a juegos de mesa mientras mi hermano iba a corretear por la playa o a paseos más activos.

Yo tenía gran expectativa, pues al pasar los años mi familia había crecido. Al llegar a la parte donde se recogen las maletas, mi tía, que había venido, llegó corriendo hacia mí.

Al verla le dije:

-Lo logré, lo logré, cumplí mi promesa! Y nos abrazamos durante largo tiempo.

Mérida había crecido mucho, es bella y muy pujante económicamente;  ya la gente no sale en las tardes a la puerta de su casa a tomar el fresco. El clima es caliente pero a la vez húmedo y es muy limpia... ¡No hay basura en la calle!

Progreso, un pueblito en la playa, ahora queda a pocos minutos de Mérida, cuando antes llegar allí era todo un paseo. Su encanto está en su naturalidad y clima ideal. Tras las ventanas se divisa el mar verde y tranquilo con un pequeño muelle. Las personas son amigables, cada casa es la casa de todos y durante el día sus puertas permanecen abiertas.

Fui allá con el fin de caminar en la arena y nadar en el mar. Sin embargo, no lo pude gozar bien porque la playa estaba llena de piedras y acantilados y si para una persona normal es algo complicado, para nosotros lo es al doble, ni modo...

Ahí conocí a una niña casi recién nacida, hija de una amiga, a la cual tuvieron que ingresar a la clínica durante mi estadía por diabetes infantil. Al enterarme que le tenían que inyectar insulina y sabiendo de la existencia de la medicina cuántica, hablé una tarde con la abuela y le di a su familia el correo electrónico del doctor para que se pusieran en contacto con médicos especialistas que le ayudaran a producir su insulina. Desde entonces me consideran una hermana más.

Con mis primas Sol y Ana vimos fotos juntas, fuimos a restaurantes y cuando no pude usar mi muleta en la arena fresca de su casa de playa porque se atascaba en ella, me ayudaron a llegar al mar.

Yo quería dar la oportunidad a las primas más jóvenes de convivir con una persona con discapacidad en sus casas. Dos de ellas ya habían tenido la oportunidad de aprender un poco con nuestra abuelita, pero no con una persona más joven. Algún día pienso regresar para que mis sobrinos puedan aprender a convivir con gente discapacitada como lo han hecho mis primas.

Inauguré el servicio de silla de ruedas del Museo de Antropología e Historia de Yucatán, por lo que pude ver más cómodamente el acervo cultural del museo. El estarme parando cada dos pasos me hubiera cansado mucho.

Y eso es lo que le sucedía a mucha gente que quería ir pero que no encontraba las facilidades de disfrutar las lecciones del museo de una manera placentera; ¡ahora ya lo podrán hacer!

Conocí dos centros comerciales: La Gran Plaza y Plaza Fiesta, hay muchísima diferencia entre ambos en la forma de tratar a las personas; en el primero, mi tía Silvia preguntó dónde se podrían alquilar sillas de ruedas e inmediatamente le dijeron que las alquilaban por horas, ahí nadie nos interrumpió el paso. En el segundo ocurrió todo lo contrario: a la pregunta de mi tía por la silla de ruedas la dependienta le dijo que no había visto sillas de ruedas y... ¡ Oh, al frente del local había un niño en una! Por lo que mi tía la consiguió.

Mientras tanto con mi mamá  y mi otra tía Karina, nos habíamos abierto paso entre la gente ya que ahí no se fijaban por donde iban y me empujaban. Ya en la silla de ruedas pudimos recorrer el centro con seguridad.

Un día fui con mi mamá caminando a un supermercado. Había que cruzar la avenida principal de la ciudad: el Paseo Montejo. Unos policías en un camión, gente muy amable, que piensa en las necesidades de los demás, al ver que tratábamos de cruzar se pararon e hicieron detener el tráfico calle con calle. ¡Cuantas veces en nuestras sociedades uno tiene que pararse un buen rato a ver si le dejan pasar la calle!

Allá hay una calle donde esta situado un centro para discapacitados en la cual los automovilistas tienen que parar obligatoriamente cuando ven personas que la van a cruzar. Si no lo hacen les multan.

Entramos al almacén donde encontré sillas de ruedas con canasta para el mercado, lo que me parece muy buena idea porque nos integran a la sección consumidora más fácilmente.

Otro día fui a la Universidad donde trabaja mi tío Pepe y en el recorrido se encontró con compañeros suyos a los que me presentaba así:

- Mi sobrina Clara Rodríguez Lizardi, quien es licenciada en Orientación Familiar.

En casa le dije:

- ¿Por qué me presentaste así?

Y me contestó:

- Porque eso debemos presumirlo. Bastante trabajo nos costó ¿no?.

Aquí él me quiso dar a entender que mi familia mexicana había vivido intensamente todo mi proceso escolar y universitario.

Llegó la hora del regreso; me llevaron en silla de ruedas hasta la cabina del avión y ahí sentada solté unas lágrimas. Había sido una experiencia maravillosa.

Volví a Colombia y aquí me esperaba otra sorpresa. Mi amiga Roxana había llegado de Italia  y preparaba su matrimonio, al cual fuí la invitada de honor.

Muchas amigas se han casado y me han participado de una u otra forma su matrimonio: por carta, fotos, telefónicamente o invitación a ellos.

Roxana y yo somos amigas desde la infancia, es una persona muy especial para mí.

Ella sintió que le llegó el amor verdadero cuando conoció a Lucas Arroyave en Italia donde radica desde que se fue a estudiar la carrera y en donde cada vez que ve un automóvil estacionado en las rampas construidas para las “carriolas” de bebés o para mayor facilidad de desplazamiento en sillas de ruedas o con muletas y bastones, les pone un papelito preguntándoles qué harían si tuvieran que usar cualquiera de esos aparatos y les estorbara el paso un automóvil mal estacionado. Esto lo hace ella como resultado de la linda amistad que tenemos, la cual ha continuado por correo. El de ellos fue amor a primera vista y después de unas idas a acampar y de otros paseos decidieron hacerse novios... Estaba aquí para preparar los últimos detalles.

En las reuniones anteriores al matrimonio destapé casi todos los regalos. En la entrega de regalos la pasé muy contenta porque a pesar de estar ella muy ocupada siempre buscaba dedicarme unos minutos.

Llegó la fecha esperada. Aquella mañana nos arreglamos mamá, mi hermano y yo, y salimos a Subachoque donde iba a ser la boda en la iglesia del pueblo.

Comenzó la marcha nupcial y Roxana entró a la iglesia acompañada por su papá y teniendo a mis dos ahijadas de pajecitas. ¡Que linda se veía! A mí me parecía como si la que se casaba era yo en vez de ella.

La ceremonia fue en español pero los libros tenían traducciones al italiano porque les acompañaban casi todos sus conocidos italianos. Fue muy cálida y familiar.

Roxana y Lucas rebosaban de felicidad y al terminar la ceremonia mientras salía acompañada por su elegante marido, se paró un momento y me besó. Para ella era un motivo más de gozo mi presencia.

La fiesta fue en la finca de una tía de ella, que era el centro de unión de la familia hasta su muerte. Era firme, se llevaba bien con toda la familia, tenía mucha energía y era segura en sus decisiones.

Desde que llegamos al almuerzo hizo buen tiempo toda la tarde, las hortensias de la finca estaban todas florecidas incluso una que nunca había florecido lo hizo ese día para felicitarlos.

Se notaba que desde el cielo esa tía quería estar presente en la boda de Roxana.

El menú era comida italiana y estaba escrito en ese idioma.

Muy ricos los platillos y antes del ponqué se repartieron almendras italianas. Roxana se aseguró de que me llevaran bastantes almendras.

A la hora del brindis Roxana alzó su copa de vino y yo alce la mía. Después llegó el Vals bailado con su papá y su esposo; le siguió una cumbia que la bailé con Lucas.

La pista de baile era grande y bailé toda la tarde, llegué a bailar trece piezas hasta que me obligaron a sentarme...

Llegó la hora tan esperada del ramo. Estaba parada contra la pared sin la muleta. Roxana, micrófono en mano, dijo:

- Nosotros, Lucas y yo, no vamos a lanzar el ramo entre las jóvenes casaderas, ni lo vamos a rifar. Hemos decidido entregar el ramo a una persona que queremos mucho... a Clara Rodríguez Lizardi

Lo dijo en español y en italiano y me lanzó un beso.

Así fue como por primera vez me gané un ramo sin esperarlo. Fue un momento muy emocionante. Todos estaban con lágrimas en los ojos y yo agarrada por mi mamá de un lado y por una tía de Roxana del otro pasé a recogerlo. Ya con el ramo en la mano me regresé y me tomaron varias fotos.

Nunca creí que me iba a ganar el ramo, sabiendo que no es fácil conseguir un novio que acepte el no tener hijos ni siquiera poder adoptarlos, jamás me había presentado a la rifa o el lanzamiento del ramo.

Roxana quería que disfrutara su matrimonio al máximo, tal vez pensó que las demás jóvenes casaderas tendrían más oportunidades que yo. Una vez más los años de amistad profunda ejercieron una bella influencia y ¡ME LO ENTREGÓ EN LA MANO!

Yo no lloraba, pero mis movimientos estaban hondamente afectados por la emoción del momento.

Duramos un minuto abrazadas.

Aún ahora me es muy difícil describir exactamente lo que significó esto para mí.

Hubo un detalle curioso en el matrimonio y se descubrió cuando se revelaron las fotos. Fue el siguiente: Roxana se hizo tomar una foto con el retrato de su tía, muerta hacía algunos años. La cámara de la fotógrafa hizo un ruido raro y ella decidió tomar otra foto pues pensó que se había dañado. Al revelarse el rollo ¡esa fue la única foto que salió sepia!, como si hubieran pasado muchos años. Y todos comentaron que esa energía que la tía disfrutaba y compartía la plasmó ahí...

Se continuó bailando y la fiesta terminó con un cordero asado al estilo italiano. La noche no estaba fría y el cordero estaba ¡delicioso!..

El ramo de novia de Roxana adornó la sala de mi casa durante un tiempo. Aún guardo la cinta.

¿Cuáles son los complejos que no permiten a la gente normal ponerse en el lugar de uno?, ¿Por qué la sociedad no esta preparada para enfrentar y apoyar a una persona que necesita ayuda física pero que les puede auxiliar mucho intelectualmente?

INTERNET, un lugar para ir acompañado
En la época actual no puede pasarse desapercibida la influencia de los medios masivos de comunicación en nuestros niños y adolescentes.

La sociedad está cada vez más unificada por los adelantos tecnológicos que se presentan cada vez con mayor velocidad.

No cabe duda que si en una familia no hay un computador, el niño no podrá estudiar tanto como los demás compañeritos; sin embargo, la tecnología también puede ser nociva cuando es usada sin criterios adecuados.

Es muy común que se deje a los niños al cuidado de otra persona mientras los padres trabajan, pero si el niño usa el computador para investigar, va a ser escasa la guía a través de las paginas sin nadie que le acompañe; por eso, la primera recomendación es que los padres y/o tutores estén acompañando a los niños mientras realizan sus investigaciones para la escuela.

También es recomendable tener la computadora  en una zona común de la casa,  no en las recámaras; pero si esto no es posible y se tiene más de una computadora,  es bueno activar la protección que el mismo sistema trae integrada, al igual que contar con un buen antivirus.

Hace unos años en la televisión mexicana había una campaña llamada “Ojo mucho Ojo”. Conocí que tuvo tanto éxito que se actualizó adaptándola a la nueva realidad. No se deben echar en saco roto esos consejos.
Hay redes sociales que están muy de moda,  sin embargo entre una y otra hay mucha diferencia en cuanto a la protección. Twitter es muy fácil de usar pero las cuentas se dividen en públicas y privadas, para que los amigos nos encuentren, si se tiene en la categoría de “pública”, quiere decir que cualquier persona puede leer lo que se publica en Twitter.

Facebook es más manejable, porque cada usuario puede decidir  exactamente el nivel de privacidad que quiere tener en su cuenta. Por lo tanto, en este tema, la recomendación es que para enseñar el manejo de las redes sociales la niñez tenga acceso solo a Facebook con control de los padres según la edad, recordando que esta red social está disponible para niños y niñas mayores de 13 años.  

Los padres pueden mostrar en casa cómo se usa internet de manera productiva, por ejemplo investigando temas en conjunto con los hijos e hijas. Si los niños se sienten apoyados por sus progenitores  podrán aprender a cuidarse de entrar a páginas no aptas para ellos.

Ximena Domínguez Irisarri
Orientadora Familiar- Universidad La Sabana Bogotá.


Cuando una amiga llega al cuarto piso artístico
No cabe duda de que detrás de un artista hay seres humanos  que  viven, sienten y se apasionan por su labor, aunque el momento de la fama se va raudo como una flecha algunos logran quedarse en el corazón de la gente durante años. 

Hoy esta columna le quiere hacer un sencillo homenaje a la Señora Milena Vergara quien en estos días subió al cuarto piso en su carrera artística. 40 años representa reunir  a través de los días vividos un carisma tal que cuando muchos artistas no vuelven a pisar un escenario sus admiradores le piden que siga en ellos.

Milena Vergara o Mile, como sus amigos la llamamos, alterna la labor artística: presentaciones en radio y televisión con su entrega al servicio del prójimo, alegrando los días a quienes están en una clínica.

Cuando viví en México y vi el especial que Sobre Colombia Raúl Velasco hiciera, una pareja de cantantes sobresalió  en el espectáculo: Mile y Fernando Garavito. No me podía imaginar que solo dos años más tarde los iba a conocer personalmente. Aquella tarde  pasé delicioso compartiendo la intimidad de su hogar.

Mile inició su carrera en su natal  Sincelejo a los 13 años y no ha parado de conseguir éxitos, la recuerdo en Pequeños Gigantes junto al Chato Latorre, Carlos Vives, entre otros bajo la dirección de Tony Navia. 

Últimamente se le ha visto en la televisión en telenovelas que resaltan mucho su sangre costeña, acaba de terminar Casa de reinas.

Un abrazo para ti Mile y muchos años de éxitos.

Ximena Domínguez Irisarri
Publicado el 5 de febrero de 2013

La nostalgia de unas botas pantaneras




Hoy mi columna esta marcada con la nostalgia… Vuelvo a recordar mis años escolares en la escuela donde estudió Luis Miguel y una imagen se me viene a la mente: una niña corriendo con trenzas y botas pantaneras en una de las kermesses.

Han pasado ya varios años y aquella niña se convirtió en una gran cantante grupera de la música norteña mexicana, tanto que dirigió uno de los equipos participantes en La Voz México-Segunda edición llevándolo al triunfo… digan lo que digan.

Su nombre: Jenny Rivera.

Cada domingo esperaba con ansia ver el programa a través del PC para verla, como pasó con la periodista colombiana, a veces su look me desconcertaba y sentía que no la había visto; pero la mayoría de los programas me hacían recordar aquella niña que miraba mi carriola, quizás con ganas de saber qué me pasaba.

El 9 de diciembre pasado al abrir mi PC me encontré con la triste noticia de que estaba desaparecida, me llegó no solo a través, como es lógico, del medio artístico, sino en comentarios de amigos de la escuela alejados del medio del espectáculo.

Las horas pasaron y confirmaron su “ida a la luz”. Se que ese es el destino final de todos pero hay maneras de fallecer, no fue una bala perdida la que la mató; fue peor. Su avioneta fue encontrada totalmente destruida. Dicen que fue accidente, yo no lo se, la verdad, no lo creo.

Jenny tenía 43 años, estaba en la cúspide de su carrera. Una carrera truncada ¿por qué? O más bien, ¿por quién? Solo se que al cielo ese día le llego una estrella más para sus programas musicales.

Ximena Domínguez Irisarri
Publicado el 28 de enero de 2013

El tiempo, ¿qué significa?
Muchas personas podrían preguntar qué entiendo por tiempo, es una idea tan intangible como la concepción de fenómenos naturales como la muerte. Esta ahí, la gente lo vive, pero pocos se han puesto a pensar qué es; tal vez si lo hicieran, ni siquiera tendrían una explicación a la mano. Normalmente buscarían la respuesta en los escritos de algún filósofo conocido. El tiempo está ahí, es una realidad tan exacta que ni pasa por la cabeza, que quizá no sea tan real como se lo “ve”.
Lo cierto es que todos usamos el reloj para medir el tiempo del que disponemos, para hacer lo que debemos o queremos hacer; y hasta en las sociedades primitivas lo miden a través del clima. Es a través de la posición del sol que se sabe qué hora es sin tener algún reloj cerca. Es cierto que todos los seres vivos tienen una manera de calcular el tiempo porque cada organismo dentro de su constitución posee su propio reloj, el cual está ligado al que rige el cosmos. Los perros saben calcular exactamente el momento en que hay que estar pendientes y cuando va a llegar su dueño.
Mas, tal vez, los problemas que se tengan para definir el tiempo se deban a que nos estamos metiendo en terrenos desconocidos y que, al igual que al hablar de lo que sentimos acerca de la muerte, no lo entendamos del todo porque tanto el tiempo como la muerte existen en este mundo en el que vivimos pero quizás solo son dimensiones de nuestra forma de ver la realidad.
Una cosa es cierta: que las personas “normales” y los discapacitados tenemos una diferente concepción del tiempo y de la velocidad; porque  nuestros movimientos necesitan más cuidado y precisión que los de la gente sana; al subir al carro que nos lleve a alguna actividad tenemos que hacerlo despacio y esto desespera al que tiene afán; al cual generalmente decimos que “vive acelerado, con prisa para todo”.
No, la vida no se puede tomar a la ligera sino con calma, disfrutando de los bellos momentos que en ella Dios o el destino nos deparan. Quien vive la vida tan aceleradamente que no puede detenerse un momento para cultivarse  espiritualmente se está perdiendo de conceptos valiosos.
La vida y el tiempo pasan de igual forma en que la muerte se acerca; cuando esta segura “vengadora” llegue a tomarnos cuentas lanzaremos tal vez el grito: “Quiero más tiempo para vivir, todavía no es hora de irme contigo” y si se lleva “traicioneramente” a alguien querido, nos consuelan diciendo que “solo el tiempo nos puede aliviar la soledad, el vacío y la tristeza que sentimos”, porque en la isla de los sentimientos (nuestro corazón), sólo él y el amor pueden coexistir. No se puede olvidar que SE HACE TIEMPO AL VIVIR tal como dice José María Napoleón en sus canciones Vive y Tiempo al tiempo.

Ximena Domínguez Irisarri

1 de enero de 2013
Publicado el: 6 de enero de 2013

De cuando estudié con Luis Miguel


Claro que Luis estudió en una institución como cualquier niño, Señores.  Lo hizo en México primero y luego en España, terminando los estudios con tutores. Cuando somos pequeños jugamos con nuestros compañeros, compartimos  clases  con ellos, anécdotas divertidas, otras dolorosas, vamos creciendo  a través de pequeños detalles. Hoy quiero hacerle un pequeño homenaje a uno de ellos: Luis Miguel.

¡Qué rápido parece que fue ayer cuando estábamos juntos en la escuela!  Dejar de ver a un compañero tuyo a los nueve años para verlo en dos o tres años cantando en la televisión con mucho éxito, hasta llenar completamente estadios da un orgullo tremendo. Las fan conocen detalles de su vida profesional y ciertos detalles personales que han salido a la luz pública. Yo con orgullo puedo decir estudie con Luis.  Y aquí quiero compartirles algunos recuerdos de aquellos tiempos.

Luis Miguel destacó en la clase de música, el profesor recuerda que una vez grabó nuestra clase porque le llamo la atención que no desentonáramos…. Él nos marcaba el ritmo y lo seguíamos. Su canción favorita desde pequeño es Eres tu pues la clase iniciaba siempre con ella. Por eso la grabó en los primeros discos.

Buscó al maestro Coco Potenza para que lo apoyara en la canción El día que me quieras porque ellos se conocían desde 1976. Lo lógico es que buscara al papá de su mejor amigo para que lo apoyara tocando el bandoneón.

Cuando era un niño Luis llegaba a la escuela en tenis rojos y la directora le tenía que obligar a ponerse los zapatos negros del uniforme, llegamos tarde a varias actividades educativas fuera del plantel por eso. Su materia predilecta eran las ciencias naturales y las actividades artísticas. En cuanto a idiomas amaba el inglés y pidió que nos enseñaran italiano. Cuando salíamos a desfilar disfrazados en Halloween o por pascua él se quedaba cerca de mí, una vez habiendo yo pasado junto a un coche estacionado vi que le tomaban la foto donde sale disfrazado de Zorro, su héroe  de cómic favorito.

Desde pequeño es muy solidario con las personas con dificultades de movimiento, varias fans han visto cómo se acerca a alguien en silla de ruedas en los conciertos para saludarla y hacerla sentir especial, él tuvo una compañera que no podía moverse largos trechos caminando sino usaba carriola, una vez en una clase de origami que compartieron le pregunto a la directora que por qué estaba así y si se iba a curar algún día.  Esa  compañera soy yo y ese gesto se me grabó en el corazón.

No solamente tuve el honor de tenerlo  como compañero de salón sino de presentarlo en el festival de fin de cursos con los demás niños bailando El Jarabe Tapatío. Recuerdo que en la primera fila del teatro estaban Luis Rey y Marcela Basteri, sus verdaderos padres.

Para el 2010 hizo la conferencia de prensa en Las Vegas y yo la vi por internet me encantó su forma de expresarse ante la cantidad de rumores infundados que habían dicho.

Siempre hemos coincidido él y yo en que una cosa es la trayectoria artística de cualquier persona y otra cosa es la vida privada de las personas, más cuando se manejan temas que afectan sentimientos de la gente. Hace unos años decidí no privarme de sentir orgullo por quienes un día convivieron conmigo y han tenido éxito en su vida. Luis, en su trayectoria, ha hecho que muchas personas encuentren una razón para salir adelante; por eso las fans lo siguen y así seguirán haciéndolo durante largo tiempo.

Él tiene derecho a resguardar su privacidad como quiera. No olviden que los artistas son humanos como todos y no es correcto que siempre les estén inventando chismes o saquen historias que no pueden probar para llenar espacios; a esos periodistas les quiero decir simplemente que piensen que a ellos no les gustaría que su vida privada estuviera siendo pisoteada por cualquier persona.

Por todos sus logros  quiero felicitarlo especialmente por sus treinta años de trayectoria artística y  desearle todo lo mejor, conmigo cuenta para siempre.

Ximena Domínguez Irisarri
25 de mayo del 2012

Las calles son una verdadera odisea para las personas con dificultad de movimiento


Ximena Domínguez
Para quienes usamos muletas o silla de ruedas tener que salir a la calle es  una verdadera proeza digna de los superhéroes de la ciencia ficción en la sociedad latinoamericana.  En Buenos Aires, las calles son muy angostas y muchos edificios no cuentan con entradas aptas para personas con algún impedimento. En  cambio, en todo el centro de Lima y sus alrededores, siempre encontrarás una esquina que cuente con el acceso para sillas de ruedas. En la ciudad de Bogotá las aceras tienen  diferentes tipos de pavimento como las lozas, lo cual visto arquitectónicamente es una belleza al combinar con el ladrillo rojo de los edificios. No se dan cuenta que al encerarlas para quienes caminamos con alguna dificultad se vuelven una verdadera pista de patinaje sobre hielo cuando llueve.

Muchas rampas son empinadas y eso hace que si vamos en silla de ruedas  la persona que nos lleva haga mas fuerza o, si por el contrario caminamos con bastones canadienses, tengamos que tener alguien por detrás ayudándonos a mantener el equilibrio. No sabemos además cuándo en una acera hay un escalón  grande justo al terminar una rampa; al llegar al mismo, la silla de ruedas tiene que ser girada para que no nos provoque la sensación de “caída al vacío”.  A veces hay peatones que pasan por nuestro lado corriendo, no se fijan y nos empujan, otras veces al andén se suben motos a gran velocidad y nos llegan a asustar, pues nuestros movimientos son de naturaleza impulsiva y no podemos estar frenando el paso cada vez que alguno de estos conductores aparece. Lo mismo sucede cuando encontramos esquinas ocupadas completamente por vendedores ambulantes que esparcen su mercancía en espacios públicos. En esos casos tenemos que esquivarlos en zigzag. Y no se imaginan  los huecos que hay, y las autoridades no los arreglan.

Un día fui a un centro comercial al norte de la ciudad al cine. Mi sorpresa fue que  al llegar al  lugar  encontramos la rampa de acceso al mismo ocupada por  camionetas de guardaespaldas, los cuales no se inmutaron ante nuestras necesidades.

Como se ve esta es la razón por la que siempre tengamos que salir con alguien de  nuestra confianza. ¡¡Cuando salimos a la calle nos volvemos realmente malabaristas para poder deambular tranquilamente!!

Ximena Domínguez Irisarri
Bogotá enero 17 del 2012

Fotos: Ximena Domínguez
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Los Ángeles que nos cuidan

Ximena Domínguez en su oficina

Hoy quiero hacer de nuevo un alto en mi camino y recordar unas fabulosas vacaciones de verano que viví hace muchos años. Los invito a este viaje en la “máquina del tiempo”.

A la edad de ocho años vine a pasar julio y agosto visitando a mis familiares colombianos; por anteriores escritos saben que soy mexicana y que ahí viví hasta que iba a cumplir los quince años. En esta época la lógica de las vacaciones eran venir para acá; aquel año vinimos para que los familiares maternos conocieran a mi hermana.

Dentro de las actividades normales de una visita  me veía con las primas de mi prima, (una de las cuales es Roxana), con las cuales me he seguido relacionando desde entonces; debo remitir al lector a mi escrito “Un viaje maravilloso” en el cual evoco esa amistad al describir cómo me gane el ramo de novia.

Pues bien, esa linda relación me dejó uno de los recuerdos más placenteros del viaje aquel verano, un día en que habiendo visitado a mis primos, pasamos a la casa de al lado que era donde vivía Roxana y le caí de sorpresa.

Para entonces ella había ido a mi departamento y habíamos jugado toda la tarde; le caí en su casa aquel miércoles. Mientras nuestras mamás charlaban animadamente de  sus vidas (son amigas de colegio), y mi hermano jugaba con los primos, ella y yo nos pusimos a jugar juegos de mesa, como Manotón, Parkase y otros.

En eso llegaron varias compañeras de ella a hacer un trabajo para el colegio; a Roxana se le había olvidado que habían quedado en trabajar en su casa aquel día y su llegada de  improviso causó un cambio en la actividad que estábamos ejerciendo.

Les pidió que fueran siguiendo a la casita de muñecas que había en el jardín, en la cual hacían los trabajos; mientras que terminábamos la mano; todas fueron saliendo a preparar las cosas menos Alicia que se quedó con nosotras y fue  la que me ayudó a llegar a aquel rincón de ensueño, mientras Roxana detenía las dos gigantescas mascotas que tenía para que no me fueran a empujar. Los mastines napolitanos se dedicaron a rondar las cercanías del refugio encantador que servía de lugar de estudio aquella tarde.

De las personas reunidas esa vez recuerdo que eran muchas, no sabría cuantas ni cómo se llamaban, en esa edad a uno ni le importa averiguar esos datos; sólo pensaba en pasar un delicioso momento con las amigas que la vida me acababa de otorgar en bandeja de plata. De todos modos yo no podría seguirles la pista, ellas vivían aquí en la bellísima “Atenas Suramericana” y yo me iría otra vez a un lugar muy lejos.

En mi cavilar aún no intuía que la vida en sus vueltas de ruleta china me  iba a traer siete  años mas tarde a vivir en la misma ciudad que  había sido testigo de aquel momento gozoso que había vivido.

Cinco años después de mi llegada a este hermoso país me volví a encontrar a Roxana y como ya conté en el escrito, nuestra amistad continuó creciendo a pesar incluso de la lejanía que nos impuso otra vez el hecho de que ella se fuera a estudiar a su amada tierra paterna su carrera.

En las vacaciones nos veíamos y en una de sus reuniones de cumpleaños aquel grupo de verano se volvió a reunir, no ya para hacer trabajos sino para disfrutar de la compañía; luego nos seguimos reuniendo para celebrar su matrimonio, ahí fui reconociendo a cada amiga del verano por la cara, y esta vez sí tuve la precaución de preguntar los nombres.

¡Qué lejos estaba yo de imaginar que tan sólo 3 años después del matrimonio de Roxana, Paula, una del grupo nos dejaría al convertirse en una de las estrellas negras que adornan el pavimento de las calles bogotanas y que  tendría que hacer el papel de “reportera” de las chicas del grupo que estuvieran fuera del país y avisarles la mala nueva!

Pasó el tiempo y a los 5 meses de aquel infortunado suceso que me hizo recordar a Conchita, Alicia me llama para avisarme que Claudia Isabel Fragoso Ruiz ya no estaba con nosotros, que  le había entrado una bala perdida y que había fallecido.

No lo podía creer pues los primeros reportes en la televisión hablaban de la muerte de una estrella del mundo periodístico colombiano por una bala perdida y me costaba trabajo asimilar la muerte de una amiga que era famosa, sin yo saberlo exactamente, por no asociar nombres y caras...

Tampoco podía creer que esa reportera era parte del grupo que jugó conmigo aquel verano cuando vine  de vacaciones, la cara de Claudia al presentar las noticias a veces se me hacía conocida y a veces no, al estar en la televisión las personas cambian mucho su apariencia física y esto aunado a que el recuerdo de las compañeras de diversión de aquella reunión lo tengo más por la apariencia que por el nombre, hizo que  al verla me entraran muchas dudas, mismas que sólo se resolvieron la noche en la que Claudia partió a trabajar tiempo completo en el periódico que en el cielo Jesús quiso formar.

La manera como han hablado de ella cada mes, me ha parecido errónea; pues se han dedicado a recordar como ocurrió su muerte y sé que eso sólo causa que las heridas del corazón tarden en cicatrizar... ¡quisiera que alguna vez sólo la recordaran por su trabajo y no echaran leña al fuego!

Hace poco chateando con Marthu, me preguntaba si recordaba a Conchita, le dije que sí, que la tenía muy presente y más cuando sentía que ella quería convivir con amigas mías que hubieran conocido lo que ella por su prematura defunción no pudo llegar a saber de mi... ¡y es que estas pérdidas fueron a los veinte años de su desaparición!

Ahora sé que tengo tres ángeles que están aquí conmigo todo el tiempo, aunque no los pueda observar; que  las heridas por una desaparición accidental como las de Conchita y Paula son de “un corte menos profundo” que la causada con Claudia Isabel, porque tardan menos en curar que ésta última.

OJALA Y ESTE ESCRITO LOGRE QUE LAS PERSONAS QUE SE DEDICAN AL OFICIO DE COMUNICADORES SOCIALES EN PRENSA, RADIO Y TELEVISIÓN SEAN UN POCO MAS CONSCIENTES DEL EFECTO QUE CAUSA EL SEGUIMIENTO INSENSATO A UN HECHO QUE DE POR SI ES UNA TRAGEDIA Y NO CAIGAN EN EL JUEGO DE HACER MORBO CON LOS SENTIMIENTOS DE LAS PERSONAS.

Clara Rodríguez Lizardi
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Ensayo por la paz: la misión

Ximena Domínguez en su oficina

Hace muchos años lo que ocurrió en este cuento le sucedió a una familia compuesta por los abuelos Javier y Zoila, de unos 65 años aproximadamente, ellos tenían el pelo rubio aunque con una que otra cana, indicios propios de la edad, los ojos azules y su carácter alegre y disciplinario con el cual imponían la autoridad a la familia.

Víctor, el papá, tenía el pelo negro y ojos negros muy expresivos, era muy responsable tanto en el trabajo como para con sus hijos y esposa.

Yunuén, la mamá –hija de Javier y Zoila- era trabajadora y cuando se necesitaba era enérgica. Tenían dos hijas: María Eugenia de 16 años –a quien sus amigos llamaban Maru- era de pelo güero, ojos verdes, un poco alta, excelente muchacha para el estudio, en el cual sacaba siempre la calificación mas alta; tímida, lo que hacía que difícilmente tuviera amigas. Jacqueline contaba con apenas un año menos que su hermana; era de pelo y ojos negros, su carácter era introvertido y cuando tenía que presentar un examen se ponía muy nerviosa, también sacaba muy buenas calificaciones.

Esta familia vivía en una calle cercana al colegio en donde estudiaban, en una ciudad muy grande llena de edificios altos y grandes almacenes.

Ese día –viernes para ser exactos- nuestra familia decidió dar un paseo, pues querían conocer el mundo y los demás planetas. Se imaginaban que en los demás planetas debía haber vida porque tenían condiciones muy parecidas a las terrestres. Tomaron hacia el norte. A los pocos minutos la tierra empezó a temblar, pero ¡cosa rara, ninguna construcción se movía un milímetro siquiera! ¿Qué significaría aquello?...

De repente vieron un artefacto desconocido que se detuvo cerca de donde estaban. Sintieron mucho miedo.

-¡Mira que aparato mas extraño! ¡Nunca había visto algo parecido!

-¡Tienes razón! Me pregunto: ¿de dónde habrá salido?

Las hermanas vencieron su miedo acercándose a ver quien se encontraba dentro del aparato que tan extraño les era.

Hallaron una familia particularmente compuesta: ¡cinco mujeres!, quienes tomaban la forma que querían con solo pensarla. Sin pronunciar una sola palabra les transmitieron sus nombres: Adriana del Pilar, Luz Dary, María Fernanda, María Esther e Itzel.

La lógica les confirmó que eran extraterrestres y sin darse cuenta se fueron en la nave. En el camino se hicieron amigas y las muchachas saciaron su curiosidad sobre el funcionamiento de la nave.

-Este botón ¿para que sirve?

-Es el timón de la nave con el que se controla la dirección.

-¿Y este otro?

-Abre una pequeña puerta.

Mientras tanto, los familiares impotentes ante su desaparición pidieron colaboración a la policía para que les ayudara en la búsqueda. En el colegio sus compañeras y maestras, que ya se habían dado cuenta de la seguida falta de asistencia de Maru y Jacqueline, comenzaron a presentir que algo les había sucedido. Temían que hubieran muerto. Pero algo dentro de su corazón les decía que ellas estaban vivas en alguna parte; por eso no se había acabado su esperanza.

En el otro planeta, Maru y Jacqueline, se encontraron con una civilización rara para ellas, llena de una paz, armonía, tranquilidad y felicidad increíbles. Una civilización en la que cada persona tomaba para sí los sufrimientos  y preocupaciones de los demás. Por eso hicieron rápidamente miles de amigos. No querían regresar  ya que estaban muy contentas en aquel planeta MARAVILLOSA BONDAD que les informaba de la triste situación por la que pasaba la tierra: odio, guerras, violencia y tristeza.

Un día se enfermaron de gravedad y los médicos que las vieron allá, decidieron que la mejor medicina era que volvieran, pues presentaban signos visibles de nostalgia. En sus sueños  ellas vertían toda la añoranza que llevaban impresa en sus corazones. Por entonces, sus compañeras y profesores las recordaban constantemente con la ilusión de su regreso. Cuando éste al fin sucedió y la nave aterrizó  al abrirse  la puerta eléctrica, las dos chicas se asomaron pero antes de bajarse los extraterrestres conversaron con ellas:

-Ahora que ya están en su planeta, les encargamos que convenzan a los hombres para que vivan en paz.

La alegría que todos sintieron fue sin límite. Se dieron un abrazo grandísimo y lloraron desahogando así todos sus sentimientos.

Maru y Jacqueline comenzaron a relatar sus aventuras y principalmente hicieron hincapié en esa armonía y paz que respiraron durante su permanencia en MARAVILLOSA BONDAD y constantemente les repetían su misión: ¡Paz en la tierra!

Al día siguiente fueron al colegio. Tanto las maestras como las compañeras se alegraron sinceramente de volverlas a ver, pues ya estaban aceptando la idea de su posible fallecimiento. Sin embargo, cuando contaron la historia, se resistieron a creerles, pero poco a poco al notarles la serenidad y paz que demostraban poseer fueron callando  sus voces. Así, la verdad es que pasaron muchas dificultades para lograr su misión, nadie las oía y cuando contaban la paz del otro planeta, las tildaban de locas. En fin así es el mundo pero... ¿qué creen? Esta historia no acaba aquí... ya verán lo que sucederá.

Se habían hecho muy amigas de una jovencita vecina, Claudia Martha, de pelo y ojos café oscuros, sincera y que disfrutaba mucho jugar volibol y comer sandwiches de mantequilla con azúcar.

Un día que había sido común y corriente, al salir del colegio, dos “seres” no identificados la atraparon llevándosela a un carro que tenía un botón que al solo tocarlo lo convirtió en nave espacial. Estos seres eran extraterrestres de una civilización muy alejada de “Maravillosa Bondad”. No eran personas amables.

-¡Oye Pifu!- dijo uno de ellos- toma estas cuerdas  y amarra bien a esa jovencita.

-¡Si Fupi! Cuidado que se escapa.

Al fin la amarraron y dejaron sin movimiento. Su destino era el planeta “Pura Maldad” donde se decidiría que se debía hacer con ella y estando cerca al planeta “Maravillosa Bondad” se encontraron con un escuadrón de aquel planeta que iba a salvarla.

Es obvio decir  que los perdedores fueron estos últimos ya que carecían de experiencia bélica y sus voces que predicaban paz y armonía fueron acalladas por los rayos láser y demás mecanismos de defensa utilizados por los de “Pura Maldad”. La rehén continuó paralizada en sus movimientos por los lazos     que la  apretaban y al llegar al planeta no se imaginaba la triste suerte que le esperaba. Estaba desesperada, desde que llegó a Pura Maldad sólo vio sangre, peleas, discusiones, odio y violencia. Se preguntaba “¿qué va a ser de mi vida? ¿Será mi final como el de los otros seres que han venido?”

Al día siguiente, al filo del mediodía, un extraterrestre que ejercía el cargo de guardián de la cárcel, la sacó de su celda para llevarla a la plaza pública donde habían decidido matarla como escarmiento por sus lazos amistosos con seres que conocieran los ideales y la felicidad proporcionados por las enseñanzas de Maravillosa Bondad.

En la Tierra, Maru y Jacqueline trataban de calmar a los tíos de su amiga, pues sus padres habían muerto en un accidente de tráfico hacía más de seis años.

Los dirigentes de Maravillosa Bondad al ver su derrota, idearon un plan con el fin de hacerles cambiar su actitud ante la vida:

-¿Vamos a dejar que Pura Maldad imponga su voluntad?

-No, de ninguna manera, no sería benéfico para la humanidad.

-¿Y cómo haremos para entrar al planeta?

-A ver, con una poesía que hable del amor.

-Pues manos a la obra, recuerden que el tiempo es oro y no se debe desperdiciar ni un segundo, porque no regresa.

Prepararon una nave, ensayaron la poesía hasta que se la aprendieron. Entonces cruzaron rapidísimo el espacio existente entre ambos planetas. Al llegar a Pura Maldad comenzaron a recitar a coro:

Hoy busco el amor en la vida
Y sólo lo veo en los demás,
Pero me enseña la paz
Que necesita el mundo.
El hombre lo necesita,
Hay que darlo con ilusión
Para así vivir con Dios en el corazón.

Poco a poco los seres de aquel planeta fueron dejando sus armas en una fogata y las destruyeron. No les costó trabajo a los atacantes agarrar a un ser de aquella civilización e inmediatamente emprender el viaje de regreso.

Este ser no se explicaba porqué no veía la sangre, la humillación constante, la violencia y la represión a la que estaba acostumbrado, aunque él no compartía los métodos usados en su planeta de origen. Por eso lo escogieron. Gracias al afecto que ahí encontró aprendieron que las cosas que se hacen  por la fuerza del amor son las que salen bien en corto tiempo. Al llegar a su planeta fue convenciendo a sus compañeros. Los gobernantes de Maravillosa Bondad veían complacidos el cambio de forma de pensar y actuar que en ese momento se estaba dando en la juventud de Pura Maldad hasta que al fin y al cabo del planeta sólo quedó el nombre.

-¡Les dije que nuestro plan funcionaría! Fue una buenísima idea  haber recitado esa poesía. Ahora falta liberar a nuestra amiga, le enseñaremos a vivir en paz y así ella con sus dos amigas enseñaran a todos los habitantes de la TIERRA a convivir tranquilamente. Este fue el comienzo de un grupo cuya misión no descansa: ¡vivir en paz!

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Una vida diferente

Foto: "En mi oficina"


Hola amigos soy Clara, tengo Parálisis Cerebral Infantil de tipo cuadriplejia epástica de predominio derecho (lesionados las extremidades inferiores y ambos brazos siendo recuperado el brazo izquierdo). Mi vida ha sido distinta a la de ustedes.

Nací en México, D.F. una hermosa mañana pero había un signo inquietante: era prematura con bajo peso, lo que trajo consecuencias para el futuro. El hígado no le mostró a la bilis el camino correcto, le hizo subir al cerebro por la sangre.

Me hicieron dos cambios totales de sangre. Estuve un mes en la incubadora, lejos de mis papás, quienes al cabo de ese plazo me llevaron a mi hogar. Al fin estaba en casa y mi mamá con sus especiales cuidados hizo que a los dos meses recuperara bastante peso.

A los seis meses mi fontanela se cerró antes de tiempo porque no había suficiente masa encefálica que la mantuviera abierta. Preocupados, mis papas me llevaron por indicación de mi pediatra al neurólogo pues observaron retraso en el desarrollo motor. Ahí se enteraron que los dos cambios de sangre que me habían practicado no habían logrado evitar las lesiones causadas en el cerebro. Tendrían que esperar para conocer cuales serían los efectos visibles.

A los ocho meses me arrastraba lentamente sobre el lado izquierdo, pataleaba, movía más la mano izquierda que la derecha y reconocía familiares.

Como todos los niños reaccionaba diferente ante los extraños y prefería a mis papas. La actitud de mis familiares era muy cariñosa conmigo y respondía si oía que me llamaban; decía “bye” con la mano y trataba de jugar a las palmaditas. A los dos años era capaz de reírme a carcajadas y dar muestras de alegría, simpatía, molestia y vergüenza. El control de esfínteres se demoró un año más todavía por el uso de aparatos que iban de la cintura a los pies y me impedían sentirme con la libertad necesaria para lograrlo siendo más fácil mantenerme con pañales.

Las terapias me impidieron asistir a las primeras etapas del preescolar, por lo que mis primeros años de instrucción (de año y medio a cuatro años), se realizaron con el apoyo de mi mamá, lo cual ayudó a la aceleración de mi rehabilitación y a adquirir un adiestramiento en las habilidades que necesitaba para la vida escolar.

A los cuatro años, el médico nos mandó a ver unas sicólogas las cuales después de varias sesiones dieron la opinión de que yo entrara a colegio normal pues mi inteligencia no había resultado afectada, ya que en el estudio de las actividades diarias mostré buena atención. Al cumplir los cinco años ya con mejor coordinación, movilidad, independencia y un entrenamiento motriz casi normal, entré al Jardín Infantil, el cual era trilingüe, las profesoras y compañeros me recibieron con cariño y allí aprendí a relacionarme con más niños.

Pero hablemos ahora un poco de mi familia. Mi mamá, Guadalupe, colombiana, la segunda de tres hermanos, estudió preescolar y se ganó una beca para ir a estudiar a México su postgrado y en una casa de huéspedes conoció a Raúl, mi papá, se enamoraron y casaron dos años después, en Colombia.

Se radicaron en la Ciudad de México donde mi papá ya tenía empleo seguro. Tuvieron tres hijos: Natalia (22 años), Juan Manuel (27 años) y yo (28 años). Mi mamá no ejerció allá su carrera, pues no era necesario. Luego cuando nací y se supo de mi problema se dedicó a lo que yo necesitara. Mi papá es el mayor de cinco hermanos, los cuales viven en un estado de México. En total, tengo veinte primos con los que jugaba. La relación con los demás miembros de la familia era difícil por la lejanía: tíos, primos y abuelos vivían o en otra ciudad del mismo país o en otro país y eso hacía que sólo en vacaciones los pudiéramos ver.

Con tíos-abuelos y primos segundos había una relación más estrecha pues la mayoría vivía en México. Pasamos varios años nuevos con ellos.

Había una prima segunda que sufría de Parálisis Cerebral Infantil, se llamaba Luchita, cuando iba a su casa siempre la subía a ver y ella se veía feliz al estar en su cuarto haciéndole compañía.

Mi abuelita materna fue muy especial, ya no leía pero me recitaba los versos de Rafael Pombo y algunos de ella compuestos a mis tíos y mamá, por eso heredé de ella la habilidad que tengo para escribir ya que me gusta componer poemas, escribir novelas, cuentos y artículos. Mi abuelito paterno también fue muy querido, él decía que yo parecía una estaca pues me sentaba muy derecha y en general mi posición era muy tiesa. Ambos murieron siendo yo pequeña.

Mi hermano Juan Manuel nació cuando yo tenía año y medio y desde entonces hemos sido muy unidos. Mi hermanita, Natalia, seis años menor, en los museos empujaba la silla de ruedas que usaba en lugares muy grandes donde me podía cansar fácilmente. Los juegos eran tranquilos dentro del departamento que era calientito porque le entraba mucho la luz del sol.

¿A qué jugábamos? A las casitas, los viajes, la tienda, vendiendo limonada y dulces afuera del edificio, un día un perro lobo que vivía en uno de los apartamentos, no dejó que ninguno de mis hermanos cogiera los dulces que vendía. Sólo yo los podía coger y se los tenía que dar a ellos para que los vendieran. ¡Los animales son muy inteligentes! Prefería los juegos de mesa a la televisión, rara vez veía caricaturas por la televisión, en cambio a las caricaturas de periódicos y cómics siempre les encontraba una lección. También asistíamos a diferentes funciones de teatro y a cine de vez en cuando. El único programa que si me llamó la atención fue “Siempre en Domingo”. Lo sentía como un concierto de verdad y organizaba mi tiempo en función de este programa.

Las relaciones que tuve con las terapeutas que iban a mi casa a ayudarme a hacer mis ejercicios son dignas de mención. A la edad de siete u ocho años, abrí mi corazón y empecé a preguntar a la que por tratarme desde muy chica le tenía más confianza, situaciones que me inquietaban:

-¿Podré tener novio y casarme?
- Sí, si encuentras alguien que te valore y acepte el hecho de que no tengas hijos.

-¿No puedo tener hijos? ¿Por qué?

-Porque tu organismo no responde igual que los demás y si llegas a estar embarazada, tu hijo puede nacer con un problema peor que el tuyo o morir. Tus músculos no tienen la fuerza necesaria para el esfuerzo del nacimiento de un bebé.

-¿Entonces por lo menos puedo adoptar un niño?

-¡Que preguntas me haces! No sería buena idea porque tus manos no pueden ayudarte a cargar al bebé y a cambiarlo, y si lo adoptas más grande no se va a adaptar a su nuevo hogar fácilmente.

Eso me impresionó muchísimo y tomé la decisión de pedir a mis amigos y familiares que compartieran sus hijos conmigo; actualmente soy madrina de dos gemelas con las cuales he podido aproximarme a lo que es el amor materno. Desde que nacieron me convertí en “Rey Mago” y voy a sus fiestas de cumpleaños, les llevo regalos y tomo fotos.

También le pregunté a ella sobre otras cosas:

-¿Puedo ir a la universidad, al terminar el colegio?

-Sí lo puedes hacer, tal vez de una manera distinta, pero si lo podrás hacer.

-¿Y bailar en fiestas o discotecas?

-Tal vez en fiestas sí cuando tengas seguridad, pero en discotecas no lo podrás hacer pues los bailes en estos lugares necesitan de más coordinación en los movimientos.

Esto definió mi forma de hacerle frente a la época de bailes, novios, normal en la adolescencia. Yo, siendo consciente de mis dificultades, sólo saldría con amigas cuando estuviera segura de que me valoraran y de que no me fueran a dejar sola.

Como ya caminaba a los siete años con dos muletas axilares y aparatos largos, al pasar a la primaria fuí a un colegio de cursos pequeños. Mi vida ahí transcurrió feliz; al finalizar cada año, se hacía un espectáculo en un teatro. Recuerdo cuando presenté a mis compañeros bailando “El Jarabe Tapatío” y cuando fuí a verlos
cantar “La Adelita”.

Era muy buena estudiante. Me gané todos los diplomas que daban y tuve la oportunidad de hacer parte de la escolta de la bandera. Siempre me estimularon y dieron cariño en este colegio tanto profesores como compañeros.

A los trece años pasé a un colegio de religiosas para empezar la secundaria, donde también disfruté la estadía. Tuve profesores buenos y otros que no se dieron cuenta que su forma de manejarme no era la adecuada. Por ejemplo al hacer mecanografía, en la primera clase la profesora me dijo:

-No se si tú podrás con esta materia o si te conviene alguno de los otros dos talleres. Habla con las otras dos profesoras y decidan.

Mis compañeras eran muy queridas y me compartieron todo lo que hacían. Jugábamos al resorte o a las escondidas. Ponían el resorte en mis piernas para que lo detuviera y así se turnaban dos para saltar y decía quien ganaba, en las escondidas alguien se escondía conmigo y no me contaban si me veían. También cuidaba la puerta del patio y estuve pendiente de que no fueran a faltar al acto cívico cada lunes. Al finalizar cada año electivo, hacíamos reunión del grupo y me divertía mucho en ellas, mis compañeras buscaban siempre el que yo participara de una u otra forma en sus actividades.

El día de mi Primera Comunión fue muy singular, la hice a los 14 años. El padre que ofició la misa era conocido de mis papás. La comunión me la dieron ellos, ya que el sacerdote quiso que la ceremonia fuera distinta y me llegara en esta forma más al corazón. Fue un momento muy emocionante.

Ya iba a cumplir los quince años cuando hubo un cambio radical en mi vida. La naturaleza en uno de esos imprevistos movimientos telúricos afectó nuestras vidas de un modo decisivo: papá, mi hermano y yo estábamos dentro del elevador del edificio cuando el temblor empezó. Afortunadamente el elevador nos llevó bien al estacionamiento, pues al principio no se movía mucho, no se sentía nada y ahí se quedó quieto, abierto.

Mientras mi mamá y hermana, que estaban dentro del apartamento, se pusieron debajo de una puerta y rezando oraciones como Corazón de Jesús en vos confío y otras que mi mamá recordaba de su época estudiantil, esperaban a que pasara el feroz movimiento, se oyó en la radio a la corresponsal aceptando que estaba temblando; pero que se debía mantener la calma.

De repente, se oyó gritar a la mujer: ¡Ay Dios mío es un terremoto!, y tras un ruido espantoso se fue la señal. El ruido era estremecedor, el crujir de las paredes y del piso, con los gritos y las cosas que se rompían y se caían, producían un sonido tenebroso, el piso se movía de un lado para el otro y de arriba a abajo, quedarse parado era casi imposible.

Una vez pasó la sacudida inicial, mi papá sacó el coche y me estaba ayudando a subir cuando se agravó el temblor. Papá pensó que estaba bastante mareado y se quedó como estatua, mi hermano se subió al carro conmigo y me obligó a agachar la cabeza. Se veía una columna del edificio bajar y subir cada vez más rápido.

En tanto, el resto de la población sintió un jalón como cuando los trenes arrancan. Parecía que allá abajo, en las entrañas, algo tronaba.

El cielo estaba gris y los relojes se habían detenido.

Había pasado un minuto y aquello seguía.

La tierra continuaba moviéndose, brincando, estremeciéndose, y comenzó la tragedia: se abrieron las calles, se rompieron los cristales, se desplomaron edificios, se deshicieron escuelas, caían construcciones como si fueran de arena, se volteaban, se deshacían, se aplastaban. La gente enloquecía, corría, lloraba. Al bajar la intesidad por segunda vez mi papá y hermano subieron a ver como estaban mi hermana y mi mamá.
La puerta del apartamento estaba trancada y la tuvieron que abrir a patadas. Mi mamá y hermana estaban bien.

De todo el mundo llegaban condolencias: Estados Unidos, Argentina, Colombia, Nicaragua, Panamá, Perú, Costa Rica, Francia, Alemania Oriental, Uruguay, Canadá, India, Gran Bretaña, Japón, España.

Papá trabajaba en el puro centro de la ciudad y toda su zona de trabajo se derrumbó. Esto hizo que tuviéramos que cambiar el país. Dejar la tierra que a uno lo vió nacer, nuestros amigos, nuestro colegio, nuestro barrio, no es fácil, pero Dios nos ayudó a dar ese paso y fuimos bien recibidos por nuestra familia colombiana.

Al continuar la secundaria, aquí en Bogotá tuve experiencias difíciles y otras hermosas. Fuí encargada de izar bandera y realicé varias obras en cerámica. Mal que bien entre estudios, falta de amigas (porque mis compañeras no me aceptaban en sus juegos, no me invitaban a sus casas, ni venían a la mía), pasaron los años y llegué a Once. Me tocó con la Señorita Emperatriz Tormenta. Traté de acercarme a ella pero no me aceptaba. Para mí fue la peor experiencia que tuve en esta época de mi vida. ¿Qué pasó? Simplemente no me aceptó como soy y me juzgó sin haberse acercado a mí.

Decía cosas como estas:

-Eres insociable. Tú no deberías haber estudiado aquí sino en un colegio especial. Nunca irás a la universidad. Tú no estudias, ni haces las tareas, en vez de eso te vas al cine, a la discoteca o ves televisión.

Y les decía a mis compañeras que ella sólo quería mi bien. Nunca fue capaz de preguntarme si yo estaba consciente de mi limitación, si la aceptaba, ni trataba de ponerse en mi lugar para saber que si yo jugaba a la tómbola en el bazar interno del colegio era porque no encontraba otra cosa en la cual participar y no podía faltar por ser este evento de asistencia obligatoria.

Les quedó debiendo a mis compañeras un paseo de despedida sólo porque no se sentía capaz de hacerse cargo de mí. Aparte, en lo académico, me exigía más que a las demás compañeras. Como no podía hacer deporte, tenía que aprovechar el tiempo libre para hacer las tareas; en lo que el profesor de Educación Física no estaba de acuerdo, tenía la opinión de que yo debía descansar durante esas horas y participar en lo que pudiera.

Cercana estaba la presentación de un examen estatal obligatorio para entrar a la universidad y ella decidió que no lo podía hacer porque les bajaba el nivel alcanzado. ¡Caray! Me sentí muy mal aquel año, como una máquina de estudios, no como persona. No me dejó ir a conocer las universidades.

Al fin me gradué y colaboré sacando el anuario del colegio pero no me lo reconocieron. Tuve la sensación de haber sido durante todo el curso escolar el "patito feo".

Mi vida social estaba centrada en las reuniones familiares y el correo. En la adolescencia las telenovelas no me interesaban, lo cual llamaba la atención de mis compañeras. La correspondencia vino a ocupar el lugar que todos los adolescentes llenan con las salidas al cine o a discotecas. Realmente había semanas en las que se me juntaban varias cartas por contestar, pues familiares y amigas del colegio de México siempre me han compartido así su vida, pero jamás ha sido esta actividad más importante que mis estudios.

A raíz del aislamiento en el cual Emperatriz Tormenta y mis compañeras me tenían, Dios me hizo sentir su amor de una manera muy bonita. Doñana, la misma directora del colegio de mi mamá y hermana, estaba pendiente de lo que me estaba pasando, desde chica me conocía y para ella era una persona muy especial, me dió la oportunidad de hacer la Confirmación en el colegio de donde era rectora. Gracias a ella conocí a las amigas con quienes ahora disfruto la vida social. Cuando fuí a agradecerle esto, me dijo:

-Tú vas a llegar más alto que yo.

-¿Yo? No, usted ha llegado bastante lejos, no creo que le gane yo. Ahora estoy enfrentando tantos problemas...

-¡Dejemos todo en manos de Dios! Ya verás como saldrá una luz al final de esto.

Llegó la hora de enfrentarme al mundo, Doñana desde el cielo se convirtió en mi protectora una vez más. Encontré una universidad muy humana, llena de compresión y hace un año terminé mi carrera. Su estudio fue más largo que el normal. Adoré la universidad y estoy orgullosa de ella.

Hoy estoy en un tratamiento de medicina bioenergética para bajar el nivel de stress que en la primera sesión José Guilllermo, mi doctor, especialista en Cáncer, Mongolismo y Parálisis Cerebral Infantil, notó. Tengo una vida social aceptable con buenas amigas y me siento feliz. Siento que la sociabilidad de una persona no se puede juzgar tan a la ligera, hay que estar abiertos a cualquier persona y ayudarla. No se por qué es tan difícil para una persona sin limitaciones ponerse en el lugar de una persona como nosotros y en cambio a nosotros no se nos hace difícil disfrutar la vida normal por medio de los demás.

Clara.